Chesterton y la tronera

Opinion

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Hace semanas que venimos leyendo con suma atención los artículos que en este medio se vienen publicando sobre la tronera, sita en la calle Drago del vecino municipio de Gáldar. Como los mencionados escritos y las opiniones que los acompañan se pueden leer y releer no voy a entrar en materia, ni tampoco en quien lleva, más o menos, razón. Los ánimos están soliviantados y, por tanto, le propongo al inteligente lector un juego literario, que bien puede arrojar luz sobre el asunto en cuestión. No sin antes aportar un pequeño matiz: si usted quiere hallar el área del triángulo basta con aplicar la fórmula, base por altura partida por dos. También la literatura y la filosofía cuentan, al igual que las matemáticas, con fórmulas para resolver problemas de cierta complejidad.

Propongo al lector que sustituya en el siguiente texto de Chesterton, farol por tronera y luz por agua, como si se tratara de un sistema de ecuaciones, concretamente el de sustitución.

Suponed que se alce en la calle un gran tumulto, por cualquier cosa, en torno de un farol de gas, (o tronera) por ejemplo, que muchas personas influyentes quieren derribar. Un monje, vestido de gris, que es el espíritu de la Edad Media, es interrogado sobre el caso y empieza a decir, a la manera árida de los escolásticos: “Ante todo consideremos, hermanos míos, el valor de la luz (o el agua). Si la luz (o el agua) es buena en sí misma…” Al llegar a este punto, y un poco excusablemente, echan por tierra al monje. La multitud embiste al farol, (o tronera) el farol (o tronera) es derribado en diez minutos y las gentes van de un lado para otro felicitándose por su espíritu práctico nada medieval. Pero a medida que las cosas van pasando, no corren ya con tanta facilidad. Algunos habían derribado el farol (o tronera) porque querían poner la luz eléctrica; otros, porque querían hierro viejo; otros, porque querían oscuridad, porque sus hechos eran malos. Algunos pensaban que el farol (o tronera) no era suficiente; otros, que era demasiado; algunos obraban por ganas de romper artilugios municipales; otros, por ganas de destrozar algo. Y vino la guerra en la noche, y nadie sabe donde pega. Así gradualmente, e inevitablemente, hoy, mañana, y otro día, va volviendo el convencimiento de que, después de todo el monje tenía razón, y que todo depende de lo que es la filosofía de la luz (o el agua). Solo que lo que podíamos haber discutido bajo el farol, (o tronera) ahora tenemos que discutirlo a oscuras (o a secas).”

Basta con extrapolar el anterior texto literario-filosófico para resolver la ecuación que nos ocupa… Y es que, buen puñado son tres moscas cuando se saben apretar. Que largo y seco será este verano.


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