“En aquella ventana la vi por primera vez. Ahora la fachada parece otra. Sin embargo, el blanco de antes la convertía en más luminosa. Y ella, con su vestido rojo tras los cristales, parecía un ángel. Luego la volví a ver en la Catedral, en la primera misa de la mañana. Y me enamoré perdidamente. No sabía cómo acercarme. No sabía cómo lograr que me mirara. Siempre fui invisible a sus ojos. Aún hoy, cuarenta años después, sigue sin verme. Y yo, como un tonto empedernido, he quemado mis deseos en una quimera.”





























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