Franjas
Una es negra: los arrecifes que bordean la costa, la lava que se adentra en las aguas. Hija de volcán, seductora, cautiva la mirada, la hipnotiza cuando las olas estallan contra las los riscos.
Surge una lengua de espuma, de nieve helada, un insólito iceberg, que separa la tierra del mar plateado. Un mar que ruge con fiereza. De lejos hay que mirarlo cuando se enfurece. Es la tercera franja.
La siguiente es el cielo, al que las olas pretenden alcanzar, cuyas nubes parecen desprenderse de la espuma del agua. Emanado de una tenue luz solar, su tono amarillento, aunque sobrio, imprime color a la imagen.
Al aire se van los suspiros, las exclamaciones de admiración o sorpresa de quienes contemplan el hermoso espectáculo visual que crean las olas, en un alarde de magia de la naturaleza, cuando se estampan contra el arrecife del Faro de Sardina.
Cuatro son las franjas. Y en ellas se encuentran los cuatro elementos que nos dan la vida.
Fotos: Quico Espino






























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