Si prestan atención a la imagen, comprobarán, una vez más, cómo la Administración Pública se ve envuelta, por mor del destino, en un nuevo solar convertido en flema permanente: “¡ni parriba ni pabajo!”.
A la entrada de Arucas, el instituto que se iba a construir lleva meses paralizado: removieron tierras, vallaron el lugar, instalaron grúa y contenedores-oficinas y, según rumores del “gabinete de crisis”, es decir, los jubilados de la zona, los cimientos que han colocado ¿los expertos? no sirven para nada. Lo cual demuestra dos cosas: instituto que se eternizará en el tiempo y nula vigilancia y seguimiento de las obras públicas. Para cuando se reanude, todo estará envejecido: nuevo presupuesto, nuevo proyecto, otra empresa que se haga cargo del desaguisado y volver a romper para volver a empezar.
El sino de los tiempos, amigos!! ¿Y quién paga todo eso? Nosotros, por supuesto. Y, mientras tanto, una grúa elevada en el cielo compite con las torres de la iglesia. En fin, una estampa típica y tópica de los tiempos asirocados y líquidos que vivimos…
Y hasta dentro de cinco o seis o siete años, siendo optimistas, no veremos la obra terminada.
Tiempos públicos!!





























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