Ahora que nadie habla de él, ni siquiera se nombra de soslayo, Camilo José Cela, premio Nobel, siempre estará presente en nuestra Literatura.
Y lo digo no por sus últimas novelas, convertidas posiblemente en juegos verbales, sino por las primeras que escribió y que me parecen las más significativas. Hablo de La familia de Pascual Duarte y La colmena. Ambas, tan distintas, retrataron aspectos significativos con estructuras novedosas en su momento. La primera se publicó en 1942, donde lo primitivo y violento retrata una etapa; la segunda, en 1951 en Buenos Aires pues la “autoridad competente” de entonces la prohibió en nuestro país. Y ambas son tan peculiares e interesantes que no deberían dejar de leer aquellos a los que todavía les guste atrapar un libro en sus manos o, también, a través de cualquier medio tecnológico. Si lo importante es leer, y sentir la respiración de unos personajes en un espacio y en un tiempo, Cela, en las novelas nombradas, resulta muy recomendable. A nosotros, desde luego, es la faceta que más nos interesa. Su vida, y sus aspavientos, y sus ideas, forman parte del ser humano y de lo contradictorio que podemos llegar a ser. Como cualquier hijo de vecino.
Pero aquí hablamos de LEER. Y ya está.






























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