“El suave amanecer del verano saluda débilmente, como un arrullo, a la vieja casa abandonada, la misma que tiempo ha rezumara bullicio y alegría. Las delicadas sombras proyectadas en su fachada muestran el carácter del lugar y, sobre todo, el de mi padre: autoritario y serio. En aquellos tiempos, la autoridad era un grado y bastaba una mirada para percibirla en toda su magnitud. Mi madre, en cambio, callada y siempre atareada en el trajín cotidiano de la casa, donde sus manos, como dicen la canción, volaban “como pájaros en el aire”.
Hoy he regresado al lugar que lleva años abandonado y, a pesar de la débil luz de la mañana, he visto su tristeza y su silencio. Casi no la reconozco. Tal vez hubiese sido mejor no volver y mantener el recuerdo de siempre. Ahora la tristeza se mezclará con la alegría de entonces y las lágrimas indicarán que la vida es un camino muy corto. Por eso los recuerdos son cada vez más grandes.”



























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