“Algunas veces me refugio en mi casa. ¡Y tengo tantas!
Entonces sobreviene el ensueño y me gustaría despertar a la realidad. Pero esto de ser un mito, y, además, con carácter legendario, conlleva un sacrificio difícil de explicar. En otros tiempos, sí era más visible, sobre todo, porque los estudiosos de distintas épocas eran, en el fondo, unos noveleros empedernidos. Y concibieron sus escritos con un aire de intelectualidad moderna en sus distintas épocas que todo ello unido me impide aparecer. Está claro que el momento no es éste. Ni siquiera pienso mucho en él porque si no tendría la sensación de volverme loca. Y no está bien que una isla como yo, referente de los deseos y pasiones más arraigadas, pierda la cabeza. Por eso, como dije antes, me refugio en mi casa. Y la escalera de la imagen conduce al trabajo y al descanso. Trabajo con libros viejos y únicos donde un aire ligeramente polvoriento me engulle los deseos más personales. Y descanso en el patio en el que el tibio sol de primavera me acoge en las lecturas personales. O imaginando el instante. Pero primero será el terremoto.
Esto de vivir en un tiempo sin tiempo es una esperanza que me abruma.
Y, por momentos, me deprime.”































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