Dos miradas
-Me cautiva esta imagen de la calle, fragmentada en tres espacios. Algunos enfocados, otros no. Hay como un aura irreal, una atmósfera surrealista que logré con el filtro creativo de la cámara.
-¡Qué coincidencia!, repliqué, sonriente, a lo que se me antojó una lúdica clase de técnica fotográfica, que mi amigo impartía mientras me enseñaba la foto. Habíamos estado de piscos y tapas por el parque Santa Catalina y yo me había pasado un pelín con el vino.
-¿A qué te refieres?, preguntó, mirando a la pantalla de su cámara.
-Pues que tuve la misma impresión que la que tú me acabas de describir, al entrar en la calle y contemplar el ambiente. La misma sensación de irrealidad.
-¡Qué curioso, no? Parece que ha habido una cierta empatía.
-Total. Y me gusta la idea de que tú llegaste a la imagen gracias a un filtro mágico de la cámara y yo gracias a la magia del vino.
-¡Ooole! ¡Que viva el vino, la fotografía y la calle Ripoche!
¡Sí, señor! ¡Que vivan!
Foto: Saulo Ruiz Díaz.






























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