El drago esbelto
Se alegra el drago de ver reverdecer la tierra en la que ha nacido.
Humilde, pero gallardo, se yergue y abre su copa, la despliega cual cúpula verde, en una frondosa cabellera, para agradecer al cielo poder contemplarlo.
Un firmamento azul fascinante, con nubes que se han dado a la fuga y ahora confluyen aquí, en La Hoyeta (La Joyeta para algunos) y también en Caideros, donde varias puertas se han teñido con el añil del cielo.
Pide el drago a las nubes que mojen los campos y que las flores vuelvan a colorearlos.
El mar, que es testigo, solicita al sol que evapore las aguas de su superficie para insuflar las nubes.
Emergiendo entre los nubarrones que bordean el horizonte, sutil, El Teide se suma a las rogativas con el fin de que llueva en las castigadas medianías de Gáldar.
Y el drago, airoso, se desmelena de alegría.
Fotos de Ignacio A. Roque Lugo.































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