La utopía se encuentra más allá del roque del mar del norte. Se puede llegar a él a través de una pequeña calle que encierra luz y sombra, como reflejos contrarios de la existencia, y una palmera que convierte la fachada en un lienzo. Todo el conjunto nos habla de los sueños que ansiamos y de los amaneceres que forjamos. Es un derecho el soñar. Y el imaginar. Por eso ese trozo de mar es nuestro. Y desde él reivindicamos que la quimera debe estar presente. Y siempre vamos en su busca. Más que nada, para poder seguir viviendo.



























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