Balando se entienden la oveja y el pastor
Un tapiz le parecía
el Cortijo de Caideros.
Abstraído, caminaba
por la verdes medianías.
De pronto se oyó un balido
y de seguido una voz:
-¡Meeela, corderiiita, veeen!,
con tonillo de canción.
Poco después vio a un pastor.
Una oveja lo seguía,
obediente, sosegada.
Y junto a ella, una cría
que entre respingos saltaba.
-¡Qué boniiito mi Luceeero!
El caminante asintió:
-¡Es muy lindo su cordero!
Baló la oveja, contenta;
el pastor le dijo: “¡Meeela!”
y ella quieta se quedó.
Brillaba verde la hierba.
-Se entienden ustedes dos.
-Hablamos el mismo idioooma.
-Qué simpático, señor.
-Pero, claro, es una broma.
-Por supuesto, caballero.
El caminante, sonriente,
del lugareño pensó
que tenía don de gente.
El pastor, afectuoso,
contempló a su corderita.
Luego se acercó a su oreja,
y le dictó una consigna.
Seguidamente, la oveja
dio unos pasos, tan campante,
y, con total desparpajo,
posó para el caminante.
Foto: Ignacio A. Roque Lugo




























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