De políticos catedráticos, eruditos y... sabios
Hace tiempo que no expreso mi opinión públicamente. Probablemente ya casi ni se acuerden de mí en este medio. Pero hoy quiero compartir con ustedes mis impresiones sobre lo que los socialistas galdenses han puesto en marcha.
En un momento político como el que estamos viviendo a nivel nacional, poner en funcionamiento una Escuela de Política y Activismo Social - “Responsabilidad de futuro” puede tener varias lecturas.
La primera lectura que hice cuando me llegó el cartel por las redes sociales, fue pensar que los socialistas galdenses se han dado cuenta de que la clase política está totalmente mal educada y que hace falta volver a la escuela para que los asuntos políticos cojan el camino que deben coger, que no es otro que gestionar una sociedad cada vez más compleja y con brechas sociales cada vez más grandes en lo económico, en lo social y en lo educativo.
La segunda fue reflexionar mucho en la segunda parte del título de ese cartel, “Responsabilidad de futuro”, porque precisamente creo que es de responsabilidad de lo que más escasea la clase política nacional, a todos los niveles. No se como los mismos socialistas pueden hablar de responsabilidad de futuro cuando hemos visto que en el gobierno nacional no han sido capaces de asumir la responsabilidad de presente y nos han llevado esta misma semana, a unas nuevas elecciones que no servirán para mejorar la vida de los españoles y españolas de a pie, sino para mejorar o empeorar sus posiciones de fuerza política.
Responsabilidad, esa palabra me estuvo rondando toda la semana en la cabeza y fue así que el viernes pasado, a eso de las siete y media de la tarde, me di una vuelta por la sede del PSOE, frente a la cuarta del agua. Me habían dicho que la convocatoria estaba abierta a la ciudadanía y aunque no soy militante del partido de los obreros, soy trabajadora, madre de una extensa familia y me interesaba lo que iban a contar los socialistas sobre el futuro de mis hijas.
Cuando llegué me costó encontrar una silla donde ubicarme, dicho sea de paso que con lo que he comido este verano he subido de peso y aguantar una hora de pie me parecía eterno. Encontré una silla en las últimas filas y allí me dispuse, atenta, a escuchar y a aprender, porque digo yo que a una escuela se va aprender y aunque me sentara en las últimas filas no fue por alumna disruptiva, sino porque el salón estaba lleno hasta la bandera.
La primera lección de esta Escuela de Política y Activismo Social la impartía un catedrático en política, don Sebastián Franquis Vera. Catedrático no por su concurso nacional, como accedían a la cátedra antiguamente los profesores y las profesoras de secundaria, ni por su alargado currículum investigador como consiguen su plaza los catedráticos de universidad. Don Sebastián Franquis Vera es catedrático de política, por antigüedad simplemente, por los años que lleva en el partido, porque como él mismo dijo para presentarse “quien no tiene trayectoria aparece como un desconocido ante la gente”. Y él es bien conocido a todos los niveles, porque ha ejercido cargos políticos en todos los escalones de la política, lo que muy probablemente signifique que tiene una capacidad intelectual sobrenatural, que le permite gestionar los problemas a cualquier nivel. Aunque más bien diría yo, después de haberlo visto metido en política desde que era una niña y él un muchachillo de veinticuatro años, que en lo más experiencia que tiene es en probar sillones de instituciones públicas. Si yo hubiese estado como él, treinta y cuatro años probando sillones en cargos públicos, al menos podría haber presentado mi currículum en Ikea y me habrían contratado como probadora oficial.
La clase que impartió don Sebastián el viernes tenía por título “Gestionar pensando en las personas. De lo autonómico a lo local”. ¡Ay ilusa de mí!, que pensé que el erudito iba a hablar de las personas de verdad. Mira muchacha, estuvo hablando casi una hora de la carretera de la Aldea, de las viviendas de protección oficial - que ahora se llaman vivienda pública - y de que ellos, los socialistas no eran iguales que los anteriores, refiriéndose a los de Coalición Canaria. Esto último daría para otro artículo donde desfogarme.
Yo no se como se quedaron las personas que estaban allí, que cuando él mismo dio por terminado su discurso, se quedaron calladitas, menos un par de personas que le hicieron preguntas. Yo me quedé como si hubiese asistido al primer mitin de las próximas elecciones. Ya saben ustedes como son los mítines, vamos a hacer, vamos a hacer, nosotros no somos como los otros partidos, vamos a hacer, vamos a hacer, pero no dicen nunca como lo van a hacer.
Y así fue, entre las preguntas que surgieron, me sorprendió un muchacho joven y apuesto él, del barrio de La Montaña se que era, porque él mismo lo dijo. Ojalá y los mítines fueran con preguntas, para que los políticos tengan que responder de verdad a los intereses de la ciudadanía y no cuenten lo que a ellos les parezca. El muchacho le preguntó si sabía de verdad cuál era el beneficio para los aldeanos y las aldeanas del final de esa carretera, porque estaba claro que en medio habría beneficio para las empresas constructoras. Don Sebastián le dijo que el beneficio era que el resto de la isla podría visitar la Aldea y el comercio y el turismo de la Aldea subiría a los niveles del resto de la isla. Pero mire, el muchacho le respondió y le dijo que evidentemente no sabía cuál era el beneficio, que si lo que pretendía era que la Aldea fuera un pueblo de bares y peluquerías como Gáldar, buen beneficio ese para los aldeanos.
Le replicó también sobre la vivienda, y yo me quedo con lo que dijo el muchacho, que las políticas de mendicidad social: vivienda social, compras sociales en los ayuntamientos, convenios de empleo temporal, y demás cosas que dijo - que yo no me acuerdo de todas - hacen falta porque no se ha trabajado en un tejido productivo de verdad. Que en las islas sólo nos dedicamos al bloque y al turismo y que aunque don Sebastián ahora gestione obras públicas, que es donde se maneja el dinerillo para repartir con los amigos constructores, está en el gobierno regional y que hacer buen gobierno es pensar en la Canarias de dentro de quince o veinte años y que tienen una papa caliente en las manos. Le dijo que había que pensar en grande, pero parece que el erudito, el catedrático de la política no es capaz de pensar a lo grande, porque cuando el muchacho le dijo que lo importante era la educación y el tejido productivo para que las nuevas generaciones después de formarse, pudieran producir en Canarias para benerficiarnos los canarios y las canarias, don Sebastián no fue capaz de responder y se saltó a otros temas de menor calibre, volviendo una y otra vez a la importancia de la carretera de La Aldea y la vivienda pública y el alquiler público para los jóvenes.
Primera clase de la Escuela de Política y Activismo Social y si me examinan de lo que nos enseñó don Sebastián Franquis, me da que voy a suspender, porque a mi las carreteras me importan poco, aunque se que la de La Aldea es vital para los y las aldeanas y la vivienda pública tampoco me interesa mucho, porque yo he ido fabricando la mía con mucho esfuerzo, ahorrando y con los trabajitos que ha pasado mi marido los fines de semana. Eso sí, y con la ayuda de mis cuñados, que no faltaron ni un domingo a echar una mano.
Ah, se me olvidaba, aunque no era de la lección del viernes, le preguntaron al erudito por lo que había pasado en el Cabildo de Gran Canaria, por el movimiento de don Luis Ibarra y la marginación de doña Isabel Mena, por parte del PSOE insular, para sustituirlo. Pues yo me quedé asombrada, porque en ese momento, don Sebastián se enfadó, dijo que era todo mentira, que no se había marginado a nadie y que sólo habían montado ese número mediático por un cargo, y que a don Luis Ibarra había que preguntarle personalmente porqué había decidido irse. Yo en esto no puedo opinar, porque se escapa a mi corto raciocinio los entresijos internos del PSOE, pero como se puso él de atacado, me da mala espina.
Ustedes perdonen si me enrollé demasiado, pero hacía tanto tiempo que no escribía, que me emocioné.



























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