Vanidades
La prepotencia, la vanidad y los desplantes han conseguido, después de años de prácticas diversas en las instituciones, que todo llegue a su fin: los exgobernantes de Canarias se desvanecen en una crónica anunciada.
Los años de arrogancia y de miradas por encima del hombro y, sobre todo, el desprecio al adversario, se han acabado. Todo lo que sube baja y la lluvia siempre cae hacia abajo. Por eso la humildad no se puede perder en el horizonte de la vanidad.
Los que creían que sus puestos eran eternos, después de más de dos décadas y media en el poder, han sucumbido ante la nueva realidad. Creían que los puestos ostentados eran suyos. Y no es así. Nunca es así. Han tenido que venir las nuevas propuestas y tendencias, y pactos, para comprender que el tiempo pasa y que la vida es una rueda que gira sin detenerse. Y es muy sano que los mismos no ostenten el poder durante mucho tiempo. Ya nadie habla de limitar los mandatos a ocho años. Ya nadie dice nada de suprimir, por ejemplo, el Senado. Tal vez porque piensan quedarse más tiempo en el poder.
En fin, la vanidad siempre aconseja mal.
Siempre.
A todos.



























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