Libros de texto e intereses políticos
La Federación de Gremios de Editores de España exige a las consejerías de Educación planteamientos más serios y rigurosos en cuanto a contenidos de los libros de texto. Denuncia que se han convertido en tradición ciertas intromisiones políticas más propias de intereses propagandísticos (el director de la Federación habla de “nulo respeto a la libertad de cátedra”) que de consideración a la verdad científica. Y señala al Gobierno de Canarias (¿el anterior, jubilado, o el neonato?) como responsable directo ante una situación concreta, pues exige que la palabra “ríos” como accidente geográfico no aparezca relacionada con Canarias. (la Consejería niega cualquier intromisión.)¡Hombre!, lo que se dice ríos ríos como “corrientes continuas de agua que desembocan en el mar, otros ríos o lagos” (Geografía de 2º de Bachiller, allá por los años sesenta, siglo y milenio anteriores) no hay en Canarias.
¡Hombre!, lo que se dice ríos ríos como “corrientes continuas de agua que desembocan en el mar, otros ríos o lagos” (Geografía de 2º de Bachiller, allá por los años sesenta, siglo y milenio anteriores) no hay en Canarias. Mucho menos, claro, ríos como el Bravo o Grande capaz de delimitar frontera entre México y EE UU con sus “espaldas mojadas” y todo. Además, forzado cementerio e inhumana necrópolis de ilusiones y esperanzas convertidas en nigérrimos pálpitos y prácticas de tiro para quienes tienen al hispanoamericano como diana. Pero olvidan que sus ascendientes españoles e ingleses, primeros colonizadores, masacraron a los aborígenes.
Ni tampoco tenemos el Mississipi, escenario libresco de una carrera entre los barcos Daisy Belle (lo capitanea el bonachón Barrows) y Asbestos D. Plower (a su mando, el malvado Lowriver). Se juegan algo muy serio: la exclusiva del transporte fluvial desde Nueva Orleans hasta Minneapolis, quizás primeras experiencias de monopolios tan definidores de EE UU cuando, sobre todo, se trata de territorios extranjeros. Es el caso, por ejemplo, de la United Fruit Company en Guatemala, empresa propietaria no solo de las tierras productivas sino también de la mano de obra esclavizada a la manera de los negros en plantaciones sureñas norteamericanas.
Para controlar y echar por tierra el juego sucio del perverso Lowriver, hasta el mismo Lucky Luke se vio obligado a intervenir. Gracias a él fracasaron bombas, actuaciones de delincuentes, sobornos… y triunfó el capitán más noble y bonachón: se quedó solo, sin competidores. No tenemos ríos, en efecto. Tampoco hacen falta, dicen algunos osados: a fin de cuentas incluso hasta en el lenguaje poético simbolizan caminos hacia la muerteTodo el negocio para él. Eso sí: la ley no intervino, ni falta que hacía. Solo la habilidad y las pistolas del protagonista (“Más rápido que su propia sombra”) logran la victoria sobre los malos. ¿Para qué palabras y legislaciones si las balas son aladas y, por tanto, contundentes?
No tenemos ríos, en efecto. Tampoco hacen falta, dicen algunos osados: a fin de cuentas incluso hasta en el lenguaje poético simbolizan caminos hacia la muerte, vías por las cuales pasan nuestras edades durante inexorables rutas, trayectos… para alcanzar el tan prodigado “Descanse en paz” (ayer, Requiescat in pacem), como si la vida solo hubiera sido zozobras, tragedias, agonías, sufrimientos, incluso angustias existenciales y no lo opuesto (placeres, amistades, amor, entrañamientos, felicidad…). Y si no hay ríos, ¿a qué viene dar el coñazo a nuestros alumnos tan ocupados hoy en las nuevas tecnologías, casi únicas fuentes de consulta y de las cuales jamás ponen en duda afirmaciones e informaciones por muy disparatados que sean sus contenidos?¿Para qué los ríos, insisten, si tenemos barrancos profundos y pedregosos (Nicolás Estévanez), barranquillos (a veces con eróticos tugurios y restregones de pago: hubo uno por mi pueblo, Gáldar) y barranqueras como los rayos centelleantes de Bento y Travieso la noche de una tempestad sobre Gran Canaria?
Y si no hay ríos, ¿a qué viene dar el coñazo a nuestros alumnos tan ocupados hoy en las nuevas tecnologías, casi únicas fuentes de consulta y de las cuales jamás ponen en duda afirmaciones e informaciones por muy disparatados que sean sus contenidos? ¿Para qué necesitan saber las criaturas sobre el Nilo y sus casi siete mil kilómetros, tsunami de culturas, pensamientos, jeroglíficos, deificaciones, guerras y esclavitudes, revolcones de reina y césares, faraones como Tutankamón, momificaciones (el Museo Británico es la monumentalidad), cámaras sepulcrales, vías de navegación, expansiones imperiales, despensa agrícola?Pero casi nada sabíamos de la geografía canaria salvo, acaso, la capital de algunas islas. Y de La Gomera, El Hierro, La Palma…, casi ubicadas por el otro extremo del mundo, ni idea.
Mi Bachiller tuvo dos variantes relacionadas con la geografía: la española y la universal (teníamos once y doce años, respectivamente). Con ellas memoricé de carretilla (“El Miño nace en Fuente Miña, provincia de Lugo; es frontera entre España y Portugal. Desemboca en el Atlántico y pasa también por Orense”). Al igual que “el Volga es un río de la URSS, el más largo de Europa. Pasa, por ejemplo, por Moscú y Stalingrado para desembocar en el mar Caspio”). Pero a pesar de sus cuatro mil kilómetros, el río soviético permanece en un rincón del cerebro… sin afectar a otros elementos del entendimiento. Ni rebosa ni tan siquiera gotea, y eso que el carajote iba cargadito de agua ¡comunista!
Pero casi nada sabíamos de la geografía canaria salvo, acaso, la capital de algunas islas. Y de La Gomera, El Hierro, La Palma…, casi ubicadas por el otro extremo del mundo, ni idea. ¿Qué alumno grancanario o majorero hoy imsersado oyó hablar de El Julan, sabinas, bosques de laurisilva, Garajonay, silbo gomero, Benchijigua, Valle Gran Rey? ¿Y de la Caldera de Taburiente o las erupciones volcánicas, 1949? Más: ¿cuántos alumnos de Los Altos de Gáldar sabían de Maspalomas, Bandama o playa del Cabrón?¿Conocían algo los niños capitalinos sobre los Tilos de Moya, por ejemplo?Sí, es verdad: memorizamos mucho sobre España y países extranjeros. Pero casi nada de Canarias.
Nuestro único referente literario del terruño fue Benito Pérez Galdós quien -¡ya es mala leche!- estaba en el listado de los autores no recomendados para tiernitas edades como las nuestras, más prestas al Salve Regina, Mater de los primeros viernes de mes y a “Juventudes católicas de España, / galardón del ibérico solar” (¡España es solo el “ibérico solar”! ¡Canarias, no! ¿Visión colonial?).
Bien es cierto: a Galdós se le nombraba en clase… de pasada, quizás el profesorado temía expedientes administrativos por hablar del canario con obras cuya lectura estuvo prohibida por la Iglesia. Por tanto, frente a la novela galdosiana el Imperio hacia Dios con el Poema de Mío Çid, la poesía ascético-mística o Lope de Vega como exaltador de los valores patrios…
Sí, es verdad: memorizamos mucho sobre España y países extranjeros. Pero casi nada de Canarias. Hoy, tras dieciocho años de gobierno nacionalista, ¿nuestros jóvenes están al tanto de su geografía física y humana? ¿Cuántos barrancos conoce un niño de ciudad? ¿Islamiento o visión universal? Seamos serios.





























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