Urnas fuera
Nadie podrá quejarse. La esencia de la democracia, que sea el gobierno del pueblo, concierne al acercamiento a las urnas. Quizá y en rigor, para múltiples y variados asuntos, no solo para el que nos ocupa ahora. De un tiempo a esta parte, quizá por la escasez de quienes pastorean en determinados ámbitos de la política, echamos en falta de quienes han hecho de aquella profesión un poco más de compromiso. No en el sentido que esta gente entiende, en absoluto. Porque cuando de llevar a cabo una acción política se trata, la cuestión es menos superficial. Me refiero a llegar hasta lo más hondo de las posturas para, desde tan oscuros lugares, ir desbrozando. Deshacerse de los elementos que distancian, dejarlos apartados. Dedicar el tiempo a aquello que acerca. Sin pueriles planteamientos. Me refiero a quienes ganan y quienes pierden. Nadie habrá de caer ni en lo uno ni en lo otro. Se trata por tanto, de acercar posturas, que ya distantes lo están por definición.
El actual estado de cosas, desde que se produjo la votación el pasado 27 de abril, con otra campaña entre medio para las del 26 de mayo, ha ido conduciendo a una suerte de desapego a lo que realmente es lo mollar de todo esto: formar un gobierno estable. En la primera fase, desde que se conoció el resultado de las elecciones generales hasta que se constituyeron las instituciones resultantes de las del 26 de mayo, quienes tienen la responsabilidad de formar gobierno —al menos así lo venden— no fueron capaces de articular un diálogo conducente a ello. Al menos con visos de eficacia. El tiempo, que tiene la fea costumbre de ir a su bola, avanzó inevitablemente sin que quienes tuvieron que sentarse a dialogar (ya no hablemos de negociar), lo hiciesen. Los plazos, que están para ser cumplidos (o no, ya no lo sé), siguieron su curso y llegó la fecha de la investidura. Antes, por aquello de las liturgias, se produjo la peregrinación a La Zarzuela. Todo dentro de la más estricta normalidad. Resultado de tales consultas, como ya todo el mundo conoce a estas alturas, fue la propuesta de Sánchez Castejón como candidato a la investidura como Presidente. El éxito por la inacción previa, ya es de sobra conocido.
A escasos días del vencimiento, cuando van hasta el propio límite del abismo, el que nos llevaría a la celebración de una nueva convocatoria electoral, la cosa sigue como siempre. La vacuidad como elemento de referencia. Mensajes, en muchos casos cargados de falsedades, surcan por las ondas y los medios sin que se aporten soluciones al problema. La nueva reunión, entre una y otra representación de los partidos en lides, acabó como comenzó: en el desencuentro. Las declaraciones, que son como la feria, van en la línea esperada. Que no varían demasiado a las realizadas en los momentos previos al encuentro. Entonces, cabría preguntarse, ¿para ese viaje se necesitaban alforjas? Me temo que la respuesta es negativa. Pues si nos fijamos en las noticias, la celebración de comicios en noviembre, en concreto según los calendarios el día diez, está más que prevista. De no ser así, no se entiende que se haya sacado a concurso público la organización de los mismos.
Pero obviando tales indicios que contribuyen a pensar en tal cosa, aparece otro elemento sustancial. Las intervenciones públicas de los miembros del partido socialista, estén o no con responsabilidades de Gobierno. En ninguna de ellas, a pesar de aparentarlo, evidencian un interés cierto por mantener un Gobierno donde la presencia de Unidas Podemos sea una realidad. En absoluto. Han ido modificando sus declaraciones, lo que ahora ha venido en llamarse el «el relato», pasando por diversos escenarios sin que quedase clara la intención de adoptar un acuerdo —que convenciese a ambas organizaciones— conducente a la formación de un Gobierno de coalición. En síntesis, que pensando en lograr unas hipotéticas ventajas en los nuevos comicios, donde la distancia entre ambos se haga más evidente (más escaños para el PSOE y menos para Unidas Podemos) optan por la convocatoria prevista para el 10 de noviembre. Así, las urnas volverán a aparecer en los colegios electorales, con unos resultados —por las incertidumbres que suscitan las urnas— que pueden ser todo lo contrario a lo deseado. Y, nada nuevo descubro, como de aquellos se dé la posibilidad de una suma entre las derechas, ahí hay una certeza: se pondrán de acuerdo y regresará el PP a La Moncloa.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27