Olas viajeras y sabias
La playa de Sardina lo sedujo, hace ya una eternidad, nada más verla. En ese mismo instante, entre rumores y susurros, las olas le indicaron que le iban a hacer un minucioso lavado de cerebro, y que él tendría la sensación de que le reducían la cabeza, como a un jíbaro.
Le sugirieron después que se dejara llevar por ellas, y que, mientras estuviera en la playa, olvidara el mundanal ruido y vaciara de pensamientos su mente para que lo sedujeran el murmullo del agua, el perfil de la montaña, el olor del mar, el vaivén de los veleros sobre las aguas plateadas, los colores del cielo y del horizonte a la hora crepuscular, las nubes encendidas, la inmensidad del espacio, el firmamento…
Las olas también le susurraron que saltar y jugar con ellas era muy reconfortante, y que nadar con los ojos cerrados es como flotar en el aire.
-Y zambullirte en el agua, buceando unos segundos, produce una deliciosa sensación de libertad. Déjate arrastrar por nosotras, que somos sabias, que llevamos la vida entera viajando por el mundo y hemos recorrido todos los océanos.
Él no tardó mucho en comprenderlas y, desde entonces, baja a diario a la playa para que las olas, tan longevas como eruditas, lo sometan a un concienzudo lavado de cerebro.
Foto: Saulo Ruiz Díaz





























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