Si LEER es una actividad altamente recomendable, no lo es menos el espacio que le dedicamos. Es verdad que no se dice nada de que un lugar sea mejor que otro. Podemos LEER en cualquier parte: sentados o recostados, con las piernas para arriba o para abajo, en el quicio de la puerta o en las cálidas azoteas. De lo que no cabe duda es que hay espacios que son una bendición. Por ejemplo, un antiguo convento. Solo faltan unos bancos para que el patio que la imagen presenta sea perfecto. Claro que el tiempo también influye. Con el frío, apetece leer dentro. Pero en los días de agradable calor, al lado de una fuente constante y fresca, donde el agua se convierte en susurro, el tener un libro entre las manos supone el camino más corto para encontrar la felicidad; aunque sea efímera.




























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