Semilla bailarina
Danzante, la semilla del geranio,
con tenues movimientos de su cuerpo,
ingrávida, sutil, llena el espacio.
Sueña con su futuro esplendoroso,
se imagina el color de sus corolas,
encarnadas, rosadas, o violetas.
Danza para que el cielo la ilumine,
la rocíe con lluvia refrescante,
y la tierra le dé su bienvenida.
No se lanza al vacío, como el cisne
del lago de Tchaikovski, no perece,
sino que se convierte en flor hermosa
que embellece jardines y balcones.
Delicada, levanta un extremo
de su cuerpo, y se apoya en el otro
con medido equilibrio, desenvuelta,
con gracia, con lisura y elegancia.
Y hace una reverencia, agradecida,
al mundo que la ve nacer, al sol,
a la vida que empieza a germinar.
Cuando se convierta en flor
soñará que fue semilla,
y al morir recordará
que una vez fue bailarina.
Foto: María José Santamaría Garrido.





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220