“Solo descubrí la fachada y el ventanillo de mi celda cuando pasé a mejor vida. Y allí, en el inicio del tránsito, en una mañana soleada y azul de junio comprendí los años transcurridos. Es verdad que se me fueron en un abrir y cerrar de ojos. Siempre decimos lo mismo. Y es que, efectivamente, así es. Siempre. Y al contemplar la fachada de mi convento aprecié también su fuerte presencia en la vida de la villa. Y en esta mañana que se asoma al más allá descubro, entre blancas paredes que invitan a la calma, el sosiego y tranquilidad que el cielo azul me regala. El ventanillo de mi pequeña celda, ¿quién lo ocupará ahora?, se eleva en la sombra fresca y quiere disimular su presencia. La mía, ahora, será solo ausencia y olvido.”





























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