El pueblo parece no querer despertarse, aunque el sol ya hace un rato que luce en el día que se aventura azul. Las primeras sombras de la plaza apenas son percibidas por sus habitantes que, en el trajín diario, ni siquiera se han percatado de ellas. Ni de la luz que se despereza y que se va alargando en el día. El silencio de la mañana va con el sueño de la noche y la algarabía infantil correteando por los rincones camina con el sol de junio: suave y tibio, como la misma existencia. Hacia el mediodía lucirá la plaza en todo su apogeo: gentes que van y vienen, donde el ayuntamiento cercano, abierto de par en par, se convierte en punto de encuentro. El pueblo parece que, por fin, se ha despertado. ¡¡Y vive!!




























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