La nueva política del antiguo. Veni, Vidi, Vici

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaVamos señores y señoras, no se pierdan el mercado de hartazgos que solo durará un par de semanas, la mayor parte de los puestos ya está distribuida a lo largo y ancho de nuestra geografía. Tenemos kilos a granel de cuantos beneficios personales deseen, litros del elixir del poder servido a gusto del consumidor en barricas o toneles repletos de ideología; también tenemos algunas docenas de una puesta de gallina clueca que por casualidad he traído para hacer una tortilla de intereses partidistas.

El sumiller del Gobierno pretende postergar en la confección del caldo apropiado en el brindis tras el opíparo menú de conjuras, mentiras y pactos a hurtadillas que se servirá en el Parlamento, no dejará de sorprendernos con algún plato original, una especialidad de diversidad que no encaja en sus propias cuentas; ya en aquellos restaurantes financiados por ediles se puede degustar la gastronomía típica del que se ha conseguido poner el delantal con el escudo de mando, abierto a cualquier pretexto para ganarse algún tenedor de esos que después sirven para hacerse publicidad en organismos internacionales de renombre “probado”.

Se aconseja traer calzado cómodo, tendremos que andar mucho para encontrar el camino que nos aleje de alguna que otra infección provocada por los filtros de un aire frío venido por nuestro perfil derecho, una ventisca que dejará gélido a más de uno o una que calculó su paso como una ventisca pasajera.

Debemos de comprender que ante todo elección libre, a nadie se le puede obligar a comprar lo que no quiere, bien sea por la grima que el producto pueda infringir o por el empacho de rebajas al que nos tienen acostumbrados y luego resultan ser precios del bien aumentados.

En este mercadeo de verdaderas mentiras tenemos que hacer un leve descanso , podemos llevarlos a cabo en el anillo central de la capital de España, antes de que nos quiten las medidas que emplearon aquellos que miraron como debían los pulmones de la ciudadanía; también podemos pasar un rato de ocio y asueto por los llanos de la Mancha, esos lugares tan propios de molinos pintados, energía pura y limpia que nos depare en la sangre algún bien oxigenado; no olvidemos el tren que nunca anda, ese que va por Extremadura y que suele llegar a su destino no como quisiéramos, un privilegio que ya en Sevilla tuvieron con la Expo, en Catalunya con la olimpiada y en Valencia por la proximidad de sus playas tan cercanas a Madrid.

En el puestecito más pequeño, ese que nunca tiene ahorrado lo suficiente por falta de ingresos e inversión de la Administración competente, en ese tan humilde, honesto y recatado están los pueblos vacíos, los que se quedan sin gente para salvar su historia, esos que tanta riqueza cultural y gastronómica tienen, esos que tantas y tantas hectáreas mantienen sin habitar piden a gritos desde su pequeña caseta que se llenen las tierras, que se habiten los pueblos, que se enriquezcan escuelas y se salven los paisajes; algo tan deseado como preciada es la vida con una calidad envidiable que sin embargo, nos volcamos en tragar todas las horas del mundo en recorrer apenas veinte kilómetros al día para hacer un recado y todo por no utilizar el transporte público. Esos pueblos vacíos a los que la riqueza aguarda en sus idílicos paisajes, en sus tierras bastas o sus azules cielos, esos en los que el espacio es el don preciado que nos permitimos desdeñar convirtiéndonos en muchedumbre, en masas humanas vivientes en un limitado espacio de terreno.

Vaya mercado señores, vengan y no se lo piensen, compren barato lo que después nos saldrá caro, elijan su producto para que luego se lo cambien, el elixir por la pócima que más interés les aporte y beban del maná y la panacea de una política que miente al mismo ritmo que habla.


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