“Lo siento, pero mi mundo son las cuatro calles más antiguas del pueblo. Allí ha transcurrido mi niñez y adolescencia, y, cuando mis padres murieron, seguí viviendo en la casa en que nací. Es cierto que ahora está un poco, o un mucho, estropeada, pero sigo vivo entre las cuatro calles y el kiosko de la plaza. No puedo renunciar a él ni quiero. Allí, en plena Transición, elaborábamos panfletos para evitar que los alcaldes franquistas siguieran en el poder. Allí nos ennoviamos Carmensa y yo. Lo siento, pero no lo puedo evitar. Mi mundo son cuatro calles y la plaza. Es verdad que ya no es como antes, pero sigue manteniendo su encanto y el sabor se ha trasladado a los turistas pacientes que caminan y disfrutan con lentitud. Es verdad que mi municipio es grande, muy grande, con numerosos caseríos. Sin embargo, yo soy muy pequeño. Por eso me muevo entre estas cuatro calles que comparten la vida conmigo.”




























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