“La sombra del día azul protegía la ventana lateral, donde Virtudes González preparaba la catequesis. Desconocía Virtudes la protección de la palmera cercana que la acompañaba durante todo el mes de junio, hasta que el verano se imponía y cambiaba de lugar. Era Virtudes González mujer soltera y católica, amante de la literatura francesa del siglo XIX y de la pedagogía. Se fiaba de todo el mundo y casi todos la engañaban. Sin embargo, nunca se molestó con nadie y era experta en “poner paños calientes” a las cosas que le sucedían. Vivió sus últimos años en soledad: así que su altruismo confirió diversas formas: preparaba a los niños del pueblo en la catequesis y, en el mediodía norteño, se acercaba al asilo, donde echaba una buena mano sirviendo el almuerzo. Servicial hasta la muerte.”




























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