La ignorancia consentida de unos pocos mata el Planeta de todos

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaQue estamos destrozando el hábitat no es nada nuevo, ni lo es la falta de previsión de ciertas empresas para favorecer el medio ambiente, ni lo son las compañías aéreas incapaces de inventar un combustible menos dañino a la atmósfera; pero tampoco lo somos y ciudadanas normales o sin serlo, como el caso de las grandes fortunas amasadas a cuenta del ecosistema.

Estamos haciendo de nuestro planeta un lugar cansado, falto de empatía con los y las que nos hemos obcecado en vivir mejor de manera ignorante, sin observar las consecuencias que a medio plazo significarán en nuestra manera de sobrevivir a la incoherencia.

Las grandes ciudades siguen infectadas de tráfico, cada vehículo lleva el conductor, algunas veces hablando por un micrófono empachado de batería para que los mensajes y fotos a las redes sociales satisfaga un ego preocupante. El andén del tren esta casi vacío mientras sobre nuestras cabezas escuchamos las bocinas de los coches atrapados en la caravana rutinaria; los autobuses urbanos a menudo siguen su ruta bajo mínimos y por las ventanas sus escasos pasajeros visualizan las colas de coches a lo largo de las grisáceas fachadas de los altos edificios y los capós como si de un largo toldo que cubren las avenidas se tratase.

Las calefacciones son el medio de dejarnos fríos a la hora de sacar del buzón el recibo de la luz por escaso que sea el tiempo del cual disponemos de ellas, el aire acondicionado en verano nos deja vértigo de súbitas subidas de tensión provocadas de nuevo por la factura y el agua, ese invalorable elemento que fluye en nuestro organismo y sin el cual seriamos meros hologramas impactados en la roca cada vez escasea más en la escasez de recipientes naturales con los que contamos desde hace décadas y por el contrario, el número de habituales consumidores crece alarmantemente.

Debería darnos vergüenza portarnos de la manera desinteresada y rayana en el despropósito de los que nos denominamos adultos con respecto a nuestros más pequeños. El cambio climático, ostensible en la temperatura, en el paisaje y en el mecanismo del ser humano se nos hace irrespirable.

Porque son los pequeños quienes están afrontando el problema con la inteligencia que nos falta a los mayores, fortaleciéndose colectivamente para luchar contra el degradado paisaje marino, los montes quemados, el agua contaminada y el ganado en desagravio alimenticio. Es decir, nos estamos envenenando a sabiendas de que llegará el momento en el cual no soportaremos el calor, las enfermedades producto de la ausencia vitamínica oportuna y el enfoque acelerado de las clases burguesas para seguir manteniendo su status aún a riesgo de que sus futuras generaciones no puedan disfrutarlo. El último que se aguante puede ser un lema apropiado para todo esto.

Pero ¿Hasta dónde llega la ignorancia de los y las que no saben contar cuánto durará el Planeta que aguanta nuestro despropósito? No es difícil comenzar a concienciarnos de lo que podemos hacer para frenar en algo la enorme herida de una tierra que sangra por todos lados; la hemorragia que acabe agotando la esperanza de supervivencia de la vida entre las cuales se encuentra la del humano poco inteligente se nos acaba; aprendamos de los más pequeños, enseñemos a los que por comodidad caen en la negligencia de ni siquiera reciclar cantidades mínimas derrochadas en cubos erróneos, usemos el transporte público mejorando la calidad del aire que respiramos y procurar cerrar el grifo de un agua que es vida y tal vez, tan sólo tal vez, aguantemos algunas generaciones el fin del ecosistema.


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