“Allí te esperé toda mi adolescencia. El instituto de entonces, pequeño y acogedor, guarda los “tequieros” más auténticos y sinceros. En ese banco nos contamos nuestras vidas, incipientes aún, y estábamos a años luz de lo que nunca imaginamos que llegaría a pasar. Se truncaron las ilusiones cuando tu padre quedó prendado de mi madre, y mi padre, al descubrir la deslealtad, conquistó a tu madre en una noche de verbena y copas ligeras. Nosotros, en medio de aquella auténtica guerra civil, huimos a La Esperanza. Pero allí no encontramos nada. El banco quedó vacío para siempre.”



























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