Jomada de reflexión

Opinion

leonilojulio2017Que muchos de las exigencias de la ley de régimen electoral, resultan un asfixiante anacronismo, parece ser algo de lo que pocas personas dudan. Una ley de régimen electoral que data de una recién nacida democracia. Transcurrido el tiempo, cuando alcanza la edad adulta (ya cumplió los cuarenta años), parece que va siendo necesario un tratamiento acorde a tales circunstancias. Porque cuando a la población se le continúa considerando incapaz, surgen los tutores, que quieren controlar nuestras acciones. En beneficio propio, quizá. Ya sabemos en qué acaba la tutorización de los pueblos. En España existe un triste conocimiento de tal situación.

Es en los momentos en que se reactiva la participación, no nos olvidemos que se trata de una democracia representativa, cuando comenzamos a notar las limitaciones del régimen electoral. Surgen, entre otras cuestiones, lo relativo a la proporcionalidad quebrada entre los votos recibidos y la representación ostentada. Muchos grupos, por mor de su distribución territorial, se ven favorecidos mientras otros, con una mayor extensión de su presencia, comprueban cómo no lo son tanto, por no decir que están perjudicados. En parte está relacionado con el modo de otorgar a los distritos electorales la representación. Que en muchos casos, influye no solo la representación de las personas sino también el influjo del territorio. Nada digamos de lo que acontece en Canarias, cuando hablamos de elecciones autonómicas que están a punto. Quizá, habrá que ir mejorando la representación, ya que nos quieren como representados durante cuatro años para participar al final de ese periodo, como un gran favor. Que hemos de agradecer como una dádiva. Se supone que no somos súbditos.

Otro de los anacronismos de las lides electorales, cuando se acerca el acto de introducir el voto en la urna es el relacionado con las encuestas. A sabiendas que, en los actuales momentos no se le puede poner puertas al campo, se empeñan en prohibir las encuestas electorales a partir del último lunes de la campaña. Es, por lo de no caber en cabeza cabal, el momento en que desde el exterior se abre el mercado de las frutas. Las encuestas, que para algunas personas parecen tener una importancia notable, nos muestran un estado de opinión que responde al momento en que se llevó a cabo –no descubro nada–, que puede ir variando con el paso del tiempo. El hecho de prohibir la publicación de resultados a partir de tal fecha, resulta de nuevo un modo de considerarnos personas incapaces, necesitadas de la tutela de alguien con mayor fundamento. Seguramente, no digo que así sea, muchas de las personas a la hora de depositar el voto no tienen en cuenta el resultado de las encuestas. De tenerlo, tampoco pasa nada, pues se supone seamos libres para votar por la opción que sea, con la motivación más peregrina. Si nos equivocamos, siempre tendremos cuatro años para espabilar.

La última de las majaderías, o como quiera considerarse, se concreta en la denominada jornada de reflexión. No digo que quienes han pasado quince días, o más, en permanente campaña, necesiten de un tiempo de descanso. Es posible. No obstante, cuando se trata de tomar decisiones da igual que te estén dando un mitin. La vas a tomar de la misma manera. Sucede igual en la previa a la campaña, que tampoco permite la norma pedir el voto de modo explícito. Qué más dará. Al final vamos a votar por lo que consideremos; otra cosa es que nos consideren personas volubles, influenciables. Vamos, que volvemos otra vez a la situación de ser personas incapaces, necesitadas de la tutela de quienes velan por nuestros intereses.


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