“A medida que el día avanzaba en la mañana de mayo, la Luz iba entonando su canción preferida. Estaba dispuesta a jugar con todo, incluso con el mudéjar de su ciudad. Desde que descubrió las variaciones que podía provocar, jugaba con el tono y la intensidad. Estaba dispuesta a ofrecer a todos que miraran su ciudad con cariño y esperanza. La Luz se empeñaba en matizar el horizonte y alargarlo, o bien, se ofrecía a presentar unas sombras cercanas y envolventes. La Luz de la primavera realmente es algo misteriosa, diría que casi bipolar: un estado de ánimo y el contrario, una lejanía y un acercamiento. Por eso las ciudades cada día parecen distintas. Es la Luz de la Naturaleza la que ayuda a configurar un espacio.”





























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