La sombra no solo protege a la escultura, bella y sensual, de Manolo Ramos, sino que, además, la engrandece y hace partícipe al que le admira, que ha de esforzarse en encontrar el punto de vista adecuado. Sí, es una escultura. Pero también encierra una historia. O, tal vez, muchas. El día soleado parece sugerir alegría y la mujer agradece la sombra. Es verdad que en los días grises, cuando los chubascos, pasa más frío: sin embargo, en cuanto alguien la observa su sensualidad riega todas sus venas. “El artista me hizo así y a mí, la verdad, me gusta y me gusta provocar: Pero no se crean que desde la vulgaridad. Estoy hablando de un escultor: esas personas que tienen y mantienen una mirada distinta. Y una actitud también.”





























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