Café negro con pan bizcochado de leña
De la misma forma que las fresas dicen con la nata y el plátano con el pan, el café negro de media mañana constituye un perfecto maridaje con el pan bizcochado de leña.
Y no crean vuesas mercedes que estamos vacilando. Dios nos libre; no es nuestra intención. Lo decimos totalmente en serio. Y si ustedes, improbables lectores, cafeteros de modo razonable y no excluyente se consideran como tales, son los candidatos perfectos para que lo comprueben. Así el café no lo sentirán tan intenso ni el pan bizcochado será tan seco que provoque añurgamientos inoportunos. Si usted está a dieta, nuestra propuesta es el camino perfecto que le despistará del hambre “mediomañanero”. Y podrá llegar al almuerzo, donde el pollo “corralino” a la plancha, sin corral, sin sal y sin nada, y sin pollo, le espera para cabrearle un poquito más. No solo ha tenido que aguantar a su jefe, o jefa, que también, a lo largo del día sino que ni siquiera en el almuerzo puede llenar su barriga, que pide a gritos “mandar la dieta a tomar por saco” (con perdón). Si, en cambio, usted es de los que comen delante de la tele, con el telediario por montera y cabecera, no se lo aconsejamos. Porque a los ruidos estomacales demandando su recurrente presencia, se unen las voces de los políticos que demandan su voto “en una España que se rompe por todos los sitios”. O “argo” así.
En definitiva: el café dice con el pan bizcochado de leña.
De verdad.




























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