Ahí donde la ven, la palmera en el suelo de la plaza, no es más que la sombra del sol en los días luminosos de principios de junio, en los que se anuncia el rigor del verano. De momento, la presencia del astro rey es agradable y los lugareños lo saben: han aprendido a medir el tiempo a través de las sombras que se proyectan en su agradable y peatonal plaza. Es una bendición haber sacado del centro a los coches y dejarlo solo para los transeúntes. Muchos pueblos y ciudades están copiando su idea. Y cuando ese milagro se produzca, recuperaremos no solo el lugar, sino las sombras que nos fueron arrebatadas por el dichoso tráfico. Por eso hemos caído en la cuenta de que el sol también tiene su sombra. Y siempre elige diversas configuraciones. La imagen es solo una de tantas.





























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