La esquina distorsionada, donde piedra, blanco y azul del cielo se funden, nos devuelve la imagen desde otro punto de vista. De lo que se infiere que nada es inamovible; incluso la realidad más inerte sufre cambios esporádicos cuando estamos dispuestos a ver un poco más allá de nuestras recurrentes y continuas miradas. El espejo de la esquina, que cumple la función de avisar a los conductores, también es capaz de hablarnos de otras cosas y de otros momentos. Solo hay que detenerse y observar con atención. Pero, claro, la lentitud no está de moda y menos aún en estos tiempos tan alocadamente tecnológicos. Pasamos por los sitios y no los disfrutamos. Y así no podemos descubrir ni su historia ni las filigranas en piedra que un día los labrantes tallaron con el ánimo de superar el tiempo. Ya lo dijimos antes: no son tiempos para la lentitud. Y tal es así que hasta estos breves comentarios de PHOTOTEX, también llevan el sello de la inmediatez. Hasta que un día los sorprenda con un texto mayor. Al tiempo, improbables lectores. Avisados quedan.





























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