Cuando alguien cercano muere, morimos también un poco los que nos vamos enterando de esa partida. Ya Antonio había superado varias situaciones complicadas en el pasado, pero hace unos días alguien muy cercano a los dos ya me avisó de que esta vez la parca venía sin dejar ningún resquicio.
Magnífico escritor, sagaz e inteligente conversador, activista cultural, y observador del mundo que luego escribía en sus novelas. Antonio era un hombre bueno, una sonrisa siempre que te lo encontrabas por Triana o por Arinaga, alguien que te hacía sentir como en casa desde el primer momento, desde la primera vez en que alguien nos presentó o nos presentamos, no lo recuerdo; pero sí sé, de eso estoy seguro, que ese primer encuentro entre el joven escritor que empezaba y el escritor que ya tenía novelas en editoriales nacionales tuvo lugar con la naturalidad de todos los encuentros posteriores.
Cada día me gustan menos los obituarios, porque a medida que cumples años vas despidiendo a más gente, y nunca me han gustado las despedidas. Pero sí quería dejar estas líneas para agradecerle a Antonio Lozano su presencia, su saber estar, y toda la literatura que nos dejó para que siguiéramos aprendiendo a vivir un poco más cerca de nuestros sentimientos y de nuestra inteligencia.
Santiago Gil

































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