La lectura está enraizada en el ser humano al igual que el deseo de comunicar. Se pierde en la historia este sencillo gesto de LEER con atención. Por eso el lector de la imagen se confunde con la tierra y penetra en ella como una raíz adelantada del árbol en el que vive y del que toma su sabiduría y profundidad. Al fin y al cabo, el papel procede del mismo lugar. Lo que desconocemos, eso sí, es lo que está leyendo y que parece captar su atención. Es verdad que solo es una escultura urbana y una forma de ganarse la vida. Sin embargo, su capacidad sugeridora es tan insondable y verdadera que se ha mimetizado con la Naturaleza. Eso es: LECTURA y NATURALEZA han pasado a formar parte de la sinonimia. O casi.






























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