La acera de la Heredad es tan vieja como el edificio al que acompaña desde principios del siglo XX.
Antes, cuando el Colegio de La Salle se ubicaba en esa calle larga que camina hacia La Montañeta, los chiquillos la pisábamos todos los días y, cuando la lluvia, los numerosos charcos que a lo largo de su largo y recto recorrido se formaban, servían, además, para jugar. Dentro de poco, la sustituirán por adoquines modernos y cambiará toda la estructura del paisaje urbano. Por eso, la fotografía que acompaña este breve comentario es casi casi un documento histórico.
La acera de la Heredad, de momento, sigue cumpliendo su misión, aunque ya nadie la mire. Pero tiene su historia.






























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