El mirador se convirtió en el lugar perfecto. Las viejas murallas medievales, transformadas en el marco ideal para contemplar la iglesia, alumbraron la imagen de la tarde. La vieja ciudad se abrió a la nueva mirada, a la enésima contemplación de la gente que va y viene. Sin embargo, la mirada detenida anuncia que hay que regresar para poder disfrutarlo en su totalidad, donde las viejas y estrechas calles hablan de un tiempo distinto, de Historia y de aguerridos soldados. Por eso la ciudad parece un fortín inexpugnable. Solo lo parece. Los ejércitos de turistas son los que hoy la invaden y, durante unas horas, creen que les pertenece. Pero al caer la tarde regresan a sus guaguas y a sus coches. Y la imagen de la ciudad irá en el móvil o en la cámara de fotos. Para después certificar que “yo estuve allí”.






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220