De nuevo el peñón
Como si de algo episódico se tratase, una vez más aparece en el discurso político. Surgen, como ya nos tienen acostumbrados, las voces insulsas. Repiten, no les da para más, viejos y reiterados mensajes. Sí, se trata de esa vieja reivindicación en torno al peñón de Gibraltar. Esa soberanía británica del peñón, fruto envenenado del tratado de Utrecht, genera el sonrojo por escuchar la perorata de quienes, como no tienen nada que ofrecer, reiteran tan caduca reivindicación. Evidencian desconocimiento. Olvidan, o no quieren que lo recordemos, que como resultado de tal tratado –entre otras concesiones–, se acabó con la pérdida de la soberanía del referido enclave geográfico en favor de Gran Bretaña. También nos impiden recordar, u olvidaron por conveniencia, que es la consecuencia de la incorporación de los borbones a la corona de España.
En una determinada ocasión, me contaron que en un acuartelamiento no muy distante del referido territorio, hubo un mando militar que convocó a la tropa. Su intención, por fortuna fracasada, aprovechar la circunstancia del momento para recuperar la soberanía del peñón en favor de España. Todo quedo, insisto que por fortuna, en una mera bravuconada. Quizá fruto de algún elemento exógeno, capaz de insuflar una cierta necesidad de mostrar un dormido ardor guerrero. Pudo haber ido a más, si alguien se hubiese adherido a tan arriesgada majadería. Acordémonos, también con intervención de Gran Bretaña, de los ímpetus argentinos en torno a Las Malvinas. Sobre todo, por los perversos efectos que tuvo.
Ahora, aprovechando el río revuelto del Brexit, volvemos a acordarnos de Gibraltar. Sin llegar a enarbolar la bandera de «Gibraltar español», se pone en marcha la maquinaria para ganar rédito político –no olvidemos su ubicación–, poniendo en el discurso político el mencionado enclave. El Partido Popular, haciendo gala de su natural oportunismo y enrabietados por la pérdida de la presidencia del gobierno, no han dejado pasar la situación y han entrado a saco. ¿Con argumentos y razonamientos apropiados a tal reivindicación? En absoluto, pues carecen de ellos. Se limitan a denostar la labor de quien ocupa el palacio de La Moncloa. El recientemente nombrado presidente del partido, haciendo gala de un discurso huero y cargado de contradicciones, se dedica a expresar una sarta de majaderías, quizá sea propio de quien logra una licenciatura con tanta rapidez. Nada nuevo, ni siquiera logra sorprender con sus exabruptos, ya de sobra conocidos.
Su émulo, el presidente de Ciudadanos, tampoco se deja la ocasión de introducir en su discurso cargado de tópicos la situación de Gibraltar. Vuelve a insistir, como ya hiciera su imagen especular, sobre la cosoberanía. Casi logra hacerse creíble mostrando su fortaleza. Ya se sabe, fuera del agua se nada muy bien. Eso sí, todo adobado con su nuevo argumentario, el del indulto. Como sabe que una mentira repetida hasta la saciedad acaba creyéndose una realidad, arranca con su discurso sin rubor alguno. Tremendo resultaría en otra circunstancia y país, aquí ya comenzamos a acostumbrarnos a ese tipo de manifestaciones insultantes de la inteligencia.
Del tercero en cuestión, de quien es el blanco de los disparos de la derecha defensora del suelo patrio, qué decir. Seguramente cualquier cosa resultaría banal, habida cuenta el discurso a que nos tiene acostumbrados. Su tono altisonante, cargado de obviedades, supone una trivialidad en medio del resto de los grupos. Nada que objetar. Desde un primer momento, en cuanto asomó su rostro para reivindicar el peñón, amenazando con no asistir a la firma del acuerdo final de salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, nos lo dejó claro: iba a terminar en el lugar de la firma sin que se produjese cambio alguno en la línea de lo aparentemente exigido. Todo dentro de la normalidad más apabullante. Volver de nuevo a reivindicar soberanías perdidas por mor de una guerra de sucesión, supondría volver al punto de partida, haciendo regresar a la Casa de Austria y devolviendo a su lugar de origen a los Borbones. Y de eso, nunca se habla. Solo se limitan a entretenernos con el peñón.































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