Bañado por el sol, llama que enciende implacable los candelabros verdes de las montañas, llama que abrasa mi cara y azota el barranco, el camino suena a agua y a millo, a aleteo de palmeras, y huele a incienso del campo, a romero y a poleo, a hinojo y a manzanilla, olores de mis entrañas.
Caidero, berol, pitera, riscos vivos, altos pinos amantes del cielo. Una mirada me espera. Se torna azul el camino embrujado por tus ojos. Se para de nuevo el mundo. El barranco se congela. La palmera es una araña que teje azul mi destino.
Quiero escapar, corro, huyo, me lanzo cuesta arriba. Asoman las cascadas rajando la montaña. Dejo que el agua caiga sobre ni cuerpo prendido, a chorros, a latigazos, para sacudir tu esencia y sacar tu mirada de mis ojos. Y grito. Y grito. Al fondo, a lo lejos, la mar se encrespa.




























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