Tierra vacía, terreno perdido al progreso
Las paradojas del presente nos hacen recapacitar en la opinión de que somos demasiados para tan poco espacio, de que aglutinamos en menos del treinta y cinco por ciento la superficie habitable de nuestro país con la población que reside en ella y confundimos vivir en las urbes o grandes ciudades y pueblos como la mejor alternativa de aspirar a desenvolvernos en el empleo, en las condiciones más sugerentes de convivencia y en la comodidad que nos da la tranquilidad por tener en nuestras manos, a un paso de donde decidimos asentarnos y formar una familia, los servicios más utilizados en nuestra vida cotidiana. ¿Pero, es la mejor manera de vivir el estar masificados en un entorno abrumadoramente colapsado de tráfico, contaminación, polución y millones de personas en una reducida superficie? Los pueblo se quedan muertos, deshabitados en un espacio más que confortable de paisaje y vida sana, por el mal ejercicio de las administraciones, más ocupadas en tener cerca la mayor cantidad de recursos posibles con el menor gasto que en prolongar las hectáreas pobladas en bien de la sociedad; una falta de previsión a la larga negativa que hace peligrar el equilibrio sostenido de un ecosistema maltratado por las normas establecidas que en nada esgrimen procesos de recuperación de tierras fértiles a la causa del progreso social y económico del país.
Es triste que haya pueblos que aun manteniendo una tierra fértil, un aire con el que fabricar energías alternativas y eólicas, se quedan abandonados por falta de argumentos y proyectos d regeneración; una nación como España no puede permitirse el lujo de despreciar el sol que la caracteriza y que en las plantas de energía solar le haría sumo bien tanto al mercado laboral como al entorno rural y a la recuperación de pueblos solitarios que un día fueron abandonados en busca de un futuro prometedor y hoy, una buena parte de aquellos que se marcharon, no tienen un futuro prometedor ante el desempleo y los precios de compra o arrendamiento de viviendas, cuyo mercado vuelve a posicionarse por las nubes tras el desastre inmobiliario y regresa por sus fueros.
Llevar las redes de internet por ejemplo, además de las herramientas óptimas para recuperar el terreno perdido nos puede hacer mejorar nuestra calidad de vida, el espacio ahora abarrotado quedará mejor dispuesto y el que se encuentra vacío se ocupará en el grado que los estudios de los profesionales aconsejen.
Así es como podremos decir aquello de que somos inteligentes, capaces de prevenir el caos de unas urbes colapsadas y atraer al mercado laboral nuevas profesiones, mano de obra capacitada, maquinaria diseñada a tal efecto y unos servicios que a la larga, conseguirán mejorar nuestras vidas y con ello, superar las estadísticas deplorables que nos sacuden.
La inmigración, esa preocupación en los programas electorales de los oportunistas y que nos presentan como mala, no es así, es la que puede subir enteros la natalidad con el descenso de la mortalidad y los millones de pensionistas que cada vez carecerán más de recursos económicos, sino ponemos remedio para equilibrar la balanza antes de que las telarañas de las arcas públicas, por el descenso del empleo y la falta de jóvenes que nos demande el mercado laboral sean ya un hecho difícil de recuperar.
Las paredes derrumbadas de edificios que un día fueron algarabía y juego de los más pequeños se confunden con los matorrales altos que se asientan sobre ellas desde hace años. Espacio, terreno que habitar por gentes capaces de recuperar el paisaje desnutrido de vidas convencidas de que solo será cuestión de tiempo rehabilitar o construir casas donde vivir dignamente. Compromiso de las administraciones para abastecer de recursos a quienes tratan de fabricarse un horizonte prometedor, convivir en paz y gestionar sus hogares al ritmo de sus necesidades básicas mediante un trabajo honrado y eficaz con el entorno es una labor que hay que poner en marcha de manera urgente ya que ello traerá el sostenimiento de las capacidades de socialización convenientes al proceso de recuperación económica. Tratar de aliviar la congestión de las grandes urbes y con ello el trasiego alocado de la muchedumbre, utilizando y mejorando para tal uso los transportes públicos y las infraestructuras nos harán un país moderno, capaz de interactuar con los que vienen a nuestro país con la sana intención de forjarse un futuro sin depender para ello de las ayudas sociales mínimas de la Administración. Los cuales podrán poner en marcha proyectos futuros en sus lugares de origen, contribuyendo en ello a la mejora de los mismos y a frenar el constante goteo de personas que se juegan la vida en nuestros mares y océanos por no tener nada a que encomendarse.
Esta circunstancia es más que probable que inducirá a la formación de nuevos profesionales
Estamos a tiempo de recuperar en algo todo lo perdido, ser capaces de convivir con diferentes razas y costumbres siempre ha sido una característica del pueblo español durante décadas; la encomiable labor de la inmigración en el mundo es la que ha hecho renacer economías hundidas y esa es la mejor arma para combatir la perdida de la calidad de vida y el bienestar social, consecuencia de una nefasta política de previsión y un enfoque ideológico y partidista negativo, en favores personales y lucrativos en lugar de luchar por el bien de la sociedad que juraron defender.































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