Variantes en nombre de la ley y la justicia

Opinion

nicolasguerra2018buenaMohsen Ramat –personaje literario de Yasmina Khadra, pseudónimo- cumplió: a instancias del mulá apedrea a la prostituta condenada por “la ira de Dios” y la ley del hombre. Cuando en la cabeza de la mujer es visible una mancha roja, Mohsen manifiesta su “insondable júbilo” pues el impacto de la tercera piedra fue certero. La pecadora, apartada de los caminos del Señor por la fornicación, es ya un cuerpo sin vida.

Zunaira, mujer de Mohsen, no lo entiende. A fin de cuentas, le dice, él es un hombre culto. Pero triunfó la ley. (El Diccionario es claro. “Ley.3.: Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados”.)

El “Gobierno Nacional de Burgos” -presidido por un general- firma (1936) la sentencia de muerte contra los canarios don Fernando Egea Ramírez (delegado del Gobierno legítimo) y don Eduardo Suárez Morales (diputado), así como la condena a veintisiete años de reclusión mayor impuesta a doña Emilia dos Santos Alemán y don Pedro Delgado Quesada.

Los cuatro paisanos canarios habían sido acusados ante un consejo de guerra ordinario en procedimiento sumarísimo “por participación directa y voluntaria de un delito de rebelión militar”. Los rebeldes mandos del tribunal fundamentan sus condenas –a muerte inmediata y a muerte lenta, respectivamente- basándose en artículos del Código de Justicia Militar. El cumplimiento de las sentencias queda pendiente de la resolución final “para proceder al cumplimiento de la Ley”. Esta fue rigurosamente cumplida... en nombre de “la Justicia”.

F.T.G. es un hombre de Castillo del Romeral, Gran Canaria. Fue acusado (2009) de una salvaje agresión: había violado analmente a un niño de siete años. Pasó en prisión seis meses, reo de tal terrible delito. Y ya se sabe lo que dicen sobre cómo se comportan otros presos en cuanto que tropiezan en la cárcel con un violador de menores aunque no haya sido juzgado y, por tanto, condenado. Siete años después la Audiencia reconoce "la estigmatización del procesado por un delito que no había cometido". Es absuelto. Pero la Justicia había aplicado la Ley: lo encarceló y mantuvo la afrenta durante siete años. (Lo pone el Diccionario: “Justicia: razón, derecho, equidad”.)

Junio de 2009. Un juzgado de Violencia Doméstica archiva las denuncias presentadas contra un ciudadano por su exmujer, quien lo había acusado de maltrato. Este hombre pasó cuarenta y cuatro semanas en la trena por un delito absolutamente falso, producto de la también falsa acusación que lo llevó a perder su empleo, la pequeña empresa que iniciaba, la relación con su hijo. Trescientos treintaicinco días detenido, acusado, etiquetado como supuesto maltratador y enviado a chirona mientras su ex posaba en programas televisivos. La Justicia y la Ley habían privado de libertad a un inocente.

Tres casos, estimado lector, distintos pero coincidentes. El primero, el de Mohsen Ramat, es ficción literaria. Pero la realidad supera a la invención puramente imaginativa. Detrás de la inmensa mayoría de prostitutas asesinadas por la enloquecida masa -fanáticamente alterada en nombre de Dios- se esconde un drama personal: es la única salida para alimentar a los hijos.

castigopublico

Son mujeres repudiadas por sus maridos o enviudadas por las guerras. Barbaries, asesinatos en masa, abandonos de hogares, peregrinajes hacia la mar -que es la muerte-, campos de concentración, violaciones, secuestros para robar corazones, riñones... y salvar vidas de capitalistas, muchos de ellos enriquecidos porque los beneficios económicos de las guerras revierten en empresas europeas, norteamericanas, rusas o de cualesquier países también dedicados a la explotación de la riqueza minera, reconstrucción de naciones destruidas por quienes las ocuparon en nombre de la Justicia universal, la Libertad. Y las guerras siempre matan, señor Borrell, siempre matan. Y las bombas inteligentes asesinan, no distinguen entre buenos y malos. (Las palabras –es el caso- denigran la condición socialista.)

Muchas de las ajusticiadas (‘asesinadas en nombre de la Justicia’) jamás habían ejercido la prostitución. Pero están cargadas de hijos: “Lamento ser prostituta, pero fue el hambre de mis hijos lo que me llevó a serlo”. Esconden ante sus descendientes la nueva profesión, temen las reacciones: una madre prostituida trasgrede normas, leyes; e incurre en el más vil de los pecados. Su final será la flagelación: cuerpos débiles y acaso enfermos no soportan el castigo.

O quizás este signifique la liberación de una existencia perra, miserable... Estoy seguro de que sus últimos pensamientos van acompañados por lamentos de niños, soledades de hijos, incertidumbre sobre su futuro. O absoluta certeza: los varones se convertirán en brazos ejecutores de la ley. A fin de cuentas el incumplimiento de la misma los llevó a la categoría de niños huérfanos desprovistos de sonrisas maternas... Y la vida para ellos no tendrá valor: matar o sobrevivir, destruir vidas ajenas, ajenos a humanizaciones...

Segundo. En nombre de la Justicia Militar y “el cumplimiento de la Ley” dos canarios (de entre cientos) caen ante el pelotón de fusilamiento. Sus delitos: el primero, lealtad al Gobierno republicano surgido de las urnas. El segundo, fidelidad a sus votantes y a los principios éticos que había prometido. Quienes se rebelaron con las armas puestas en sus manos para la defensa de la legalidad constitucional acusan de rebeldes -y fusilan- a estos dos hombres, qué contrastes. Y sin rubor alguno el consejo de guerra se reviste de justicia y reclama la observancia de la ley. Quien la transgrede será su defensor. Quienes la defienden serán fusilados.

Tercero. Inocentes ciudadanos dejan de creer en la Ley, en la Justicia. A fin de cuentas son víctimas directas de disposiciones legales y principios morales (“Errare humanum est”) que los llevan a la cárcel... por más que no les “corresponde o pertenece la pena”. ¿Quiénes podrán borrar alguna vez los años de soledad absoluta y los desequilibrios psícológicos mientras purgaban por delitos no cometidos?

Habrá que revisar el Diccionario: a fin de cuentas es cosa de humanos. Y habrá que revisar a los humanos.


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