"Para bebérsela, amigo"
Con la toalla sobre el hombro,
tras haberse refrescado
en las aguas cristalinas
de peces coloreados
de la playa de Sardina,
el bañista, relajado,
sigue viendo en su retina
los colores del ocaso,
del cielo que lo rodea,
del mar en su lento paso
cuando fluye la marea.
De las olas, el abrazo
recibió el bañista, absorto,
contemplando los retazos
naranjas, azules, rojos,
ambarinos y grisáceos.
¿Está buena el agua, no?,
preguntaron al bañista,
que traía el mar consigo
en la mirada perdida.
Y él, sonriente, respondió:
“Para bebérsela, amigo”.



























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