La palmera es el tiempo reflejado en la pared tres veces centenaria que, en complicidad con el sol de otoño, vuelve al mismo sitio como para indicar un nuevo año, una nueva vuelta de tuerca en el círculo de la vida.
Hoy el fotógrafo la ha descubierto, pero seguramente a lo largo del día serán otras personas las que se percaten de su doble presencia. Y mañana y pasado tal vez ocurra lo mismo. Solo hay que esperar a que el milagro se produzca.
El milagro es mirar lo que nos rodea, sin olvidar a las personas, aunque estos tiempos convulsos se empeñen en que solo observemos las pantallas digitales. Y eso solo no puede ser.































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