Los lazos amarillos
Lo que comenzó como un acto de recuerdo a quienes estaban en prisión, se está convirtiendo en un motivo de conflicto social. Conflicto que se materializa en agresiones, en algunos casos. No son demasiadas, si bien bastaría con una para que se suscitase la denuncia. Sobre todo, porque quienes propician este tipo de manifestaciones, son personas con responsabilidad política, que representan con claridad un partido. Le escuchamos a un representante del PP, que afeaba tales acciones a quienes buscan ser opción de gobierno. Se refería, nadie lo ponga en duda, a su cercano oponente: Cs.
Con la aparición de los lazos amarillos, de modo paulatino, se han ido produciendo una serie de reacciones, todas ellas de distinta naturaleza. Como no puede ser de otro modo, la primera de las reacciones se debe a quienes iniciaron la campaña. Optan por la independencia de Cataluña y han decidido como fórmula de protesta la colocación de lazos amarillos –también hemos visto cruces del mismo color–, para reivindicar la puesta en libertad de quienes, por mor de lo que han denominado el proceso (en castellano), llevan una temporada en prisión preventiva por orden del Tribunal Supremo. Pues bien, frente a quienes les afean su acción, han respondido que sus acciones suponen algo tan simple como es la libertad de expresión. Quizá así sea, ahora bien podría tener otra interpretación. No lo sé, no tengo tan claro ni lo uno ni lo otro. Sobre todo, cuando no solo aparecen los lazos, sino estos con contenido o, también lo han hecho, las cruces del mismo color.
Quienes se nutren de lo acaecido en Cataluña, por no tener otra cosa que ofrecer, no han dudado en obtener rédito político de la situación. Comenzaron, o no, los del PP, cuando su recién designado Secretario General se ofreció para ir a quitar lazos, amarillos claro. Acto seguido, para evitar le adelantasen, Rivera se puso en marcha y promovió una suerte de cruzada para ir a quitar lazos amarillos. Dicho y hecho. Rodeado de su séquito de guardaespaldas y acompañado por la portavoz de su partido en Cataluña se inicia la tarea. Tarea, está claro, que va a quedar reflejada a través de las imágenes. Estaría feo, salir a hacer una limpia de lazos y que nadie se enterase. La solidaridad, como cualquier otra actividad humana, tiene también sus límites. Uno de ellos es la visibilidad. O, por qué no, no invisibilidad. De qué le iban a servir si no.
De los lazos amarillos, quienes indujeron (presuntamente) a Cs a su retirada, aprovecharon la ocasión para mandarles un mensaje. Me refiero a los del PP, y más concretamente a Maroto, quien a preguntas de la prensa, respondió con toda la cara del mundo. Mientras, ya comentamos, su Secretario General se postulaba como voluntario para ir a quitar lazos, Maroto se manifiesta contrario. No solo, sino que aprovecha para criticar a quienes, pretendiendo ser partido de Gobierno (así se expresó), salían a la calle a quitar lazos. Que el papel de la clase política era otro. Quizá, se refiriese a lo expresado por su presidente, el ínclito Casado, que va a solucionar tal situación promoviendo una norma que prohíba la colocación de lazos en la vía pública. No me extrañaría que en su mente estuviese ampliar, a tales supuestos, la tristemente famosa Ley Mordaza.
En definitiva, que parecen ser el centro de la política, me refiero a los lazos amarillos. El resto de los problemas que aquejan a España en general y a Cataluña en particular, carecen de importancia. O, mejor expresado, mientras la cortina de humo (en este caso amarillo) oculte el resto de los inconvenientes y desgracias que sufre la población, ya si eso para más adelante. Que un incremento del desempleo o la creación de empleo precario y de escasa calidad, no te despiste de los lazos, amarillos como el amarillismo.




























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