Volver a nuestra realidad y respetarla
El día 15 de agosto del presente mes, me encontraba en la Basílica de Candelaria, en un momento de la homilía, el Señor Obispo Nivarience, Bernardo Álvarez, se dirigió a la Señora Consejera de Política Social del Gobierno de Canarias, Cristina Valido, para confirmar por parte de esta o asentir que en Canarias hay más de 2.000 jóvenes tutelados por la Administración.
Aquello me dejó desconsertado, en ese mismo momento mis oídos dejaron a un lado la homilía en honor a la Asunción de María a los cielos, para volver a nuestra realidad, mi cabeza empezó a concretar medidas de respuesta de las víctimas de diferentes factores: negligencias, dificultades económicas, desatención, consumo de tóxicos, violencia de género, maltrato...
La vida de un menor tutelado forma un universo paralelo al universo común de la mayoría. Por qué entran en un centro, qué organismo se encarga de valorar su situación y en base a qué situaciones, cómo aceptan la realidad que les ha tocado vivir, cómo les influye el mundo exterior, qué piensan de él personas ajenas a su entorno diario (la sociedad) y por qué han de madurar antes de lo normal.
Las personas que les acompañan a lo largo de su estancia en su etapa tutelar (tutores, amigos, profesores) son las que más influyen en cómo podrán ser esos menores en su vida diaria, en sus estudios, de cara a su futuro, etc. Cada organismo cuenta con un proyecto distinto de cara a su educación, algunos con un alto porcentaje de efectividad y otros con un porcentaje menor.
Las circunstancias familiares y la postura de los padres de cara a sus problemas son, habitualmente, escollos donde los menores se ven anclados. Por una parte, los padres ni aceptan sus problemas, ni dejan que el menor los acepte; y por otra, la Comunidad o los organismos se encuentran en una disyuntiva a la hora de enderezar las relaciones que se les plantean; la del menor con su padre; la de los padres con los respectivos organismos y la del menor con estos últimos.
El hecho de que la sociedad desconozca este mundo causa arduos problemas de cara al menor a la hora de integrarse en ella; en parte, ello es debido a la postura que ésta tiene de los menores, de los educadores y del desconocimiento hacia el funcionamiento de los centros; otra parte viene de cara a los menores, que se refugian en sus problemas o en los centros y desechan el trato con el exterior. Esto y otros aspectos más me lleva a reflexionar sobre menores y familia.
La incomprensión, poca comunicación, maltrato, familia autoritaria, castigos frecuentes, sobreprotección y excesiva dependencia, falta de reglas y límites, falta de figuras de autoridad, ausencia de padre o madre, expectatativas poco reales, ausencia de reconocimiento, consumo de drogas en la familia.
El no manejar las emociones y el control de impulsos, problemas de identidad, falta de límites, baja autoestima y autovaloración, falta de asertividad, malas decisiones frente a la presión de grupo, fracaso escolar, experimentar con nuevas emociones para escapar de problemas, frustraciones, curiosidad por probar sustancias, visión pesimista de su futuro.
La escasa información de las drogas, poca participación o creatividad del alumnado, falta de áreas recreativas, disponibilidad de drogas cerca del centro de enseñanza, modelos inadecuados, mala comunicación docente-alumnado, falta de uso del tiempo libre, escasa capacitación sobre drogas del docente.
Falta de oportunidades educativas, desempleo, inseguridad, exclusión social, promoción del consumo de los medios de comunicación.
La familia constituye la primera instancia de socialización y la institución que globalmente tiene más influencia en la formación y desarrollo de los niños/as y los/as jóvenes. Es en su seno donde estos niños/as y jóvenes, a través del aprendizaje y de la observación de las conductas de las/os adultos, se van capacitando para vivir en la sociedad y afrontar de forma adecuada las nuevas situaciones que se les presentarán a lo largo de la vida.
La familia es capaz de influir positivamente en el desarrollo sano y equilibrado de sus miembros, lo que explica la necesidad de apoyar esta potencialidad para evitar que la convivencia en su seno se convierta en todo lo contrario, es decir, en una fuente de riesgo y dificultades en el proceso evolutivo de los hijos/as.
Adecuada autoestima y autocontrol en el manejo de emociones, comunicación, tener expectativas reales y un proyecto de vida, actitud positiva, autodisciplina, manejar presión de grupo, capacidad de tomar decisiones, asertividad, resolver problemas, pensamiento autónomo y crítico, cuidado de la salud, éxito educativo...
Muchos chicos/as que se encuentran en los centros o pisos tutelados, casos diferentes, tienen que enfrentarse a retos como ser autónomos en todos los aspectos de su vida, desde la propia gestión personal, doméstica y económica; superar los estudios y compaginarlos con el trabajo, son retos que conlleva tiempo y soportes externos. Hay que madurar mucho y muy rápido.





























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