Examen de recuperación política
Estamos en un alocado tiempo en el cual se deslegitiman gobiernos que pasan a la oposición negándose a cualquier cosa que se les plantee, por puro pragmatismo partidista, perdiéndose en escaramuzas demagogas y en discursos improcedentes en lugar de satisfacer en alguna ocasión al común de la sociedad y sin pensar en personalismos contravenidos con las necesidades sociales.
Si rescatamos migrantes náufragos mal hecho, si arriesgamos de una vez por desalojar el Valle de los Caídos de moradores indignos malo, si hacemos causa firme con la Unión Europea para acabar con los procesos de expulsión aleatoria de inmigrantes y destinamos presupuestos para mantener la logística costera también cometemos fallos. Para colmo, los belgas no quieren dar la orden de detención a quién quiere partir España por un par de narices, malo si hablamos con los que no se merecen, aunque es nuestra obligación intentarlo, por más que digan lo que ignorantemente dicen de atacar al Estado para obtener su diploma republicano y confundir a esa parte de la sociedad que cree en el pluralismo ideológico sin necesidad de diferencias de espacio.
Hablamos de todo, sorteamos como podemos el temor al terrorismo y hasta algunas personas se permiten por rutina, criticar lo que a todas luces parece un altercado provocado por un individuo contra el que le toco en suerte defender su vida una policía autónoma catalana para no dejarse matar por semejante intruso en su propia comisaria.
Aunque en estas fechas de estío hablamos poco del paro, y de otras cosas importantes como la que pronto vamos a sentir, la vuelta al cole, los gastos de las familias y las pocas becas universitarias con la subida de tasas que no dudaron en deshacer el establecimiento de un Erasmus procedente. Habrá familias que no quieran ni hablar del coste que les significará el colegio o la necesidad de una subvención en las becas comedor, porque ambos tienen la suerte de trabajar con contratos basura por horarios no alternos y no hay conciliación familiar que valga.
Y es que cada día nos damos más cuenta de que la política y la hipocresía van de la mano, de que lo que realmente vale es conseguir el escaño en el Parlamento o el bastón de mando en un ayuntamiento; lo de dar con algún tipo de solución a alguna demanda social se confirma como una casualidad repentina que sin merecerlo, atrape nuevos votos. Pensamos que la aparición de modelos novedosos al tan vilipendiado bipartidismo atraería la atención de adeptos a su causa, pronto nos damos cuenta de que por la parte derecha nada es creíble y por la izquierda la amalgama de ideologías parecidas han colapsado lo que parecía la oportunidad de acabar definitivamente con el bipartidismo. Vamos que el epónimo creado por populares y socialistas revive de sus cenizas si nadie lo remedia y lo que es peor, sin apenas cambiar un ápice su ostentosa ideología.
En fin, seamos recatados por si la casuística cambia el sino 'desafortunado hasta ahora, de los elegidos para solucionar nuestros problemas y el otoño aventaja a la llegada de un frío futuro para muchos ciudadanos y ciudadanas españoles que siguen esperando un cambio del viento político y un repunte verídico en el mercado laboral que no sea el de los contratos por horas, salarios indignos y oficinas ETT rellenándose el bolsillo.





























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