La calle mojada, además de un verso, que presenta la imagen sirve para alargarla en el tiempo y ver en ella los recuerdos vividos y la frescura de unos centenarios adoquines que nos traen la visión de que nuestros antepasados cumplieron cabalmente en sus quehaceres.
El tiempo que se ha detenido en esos adoquines regresa cuando la suave lluvia los baña y los endulza en la nueva mirada. Así, mojados y resbaladizos, parecen regresar del olvido, como diciendo “aquí estamos, no nos hemos ido”.
Es lo que tiene el Patrimonio que ha logrado superar el tiempo y las nuevas arquitecturas.






























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