La verdadera falsedad de la recuperación económica
Llevamos según los informes realizados por los ministerios competentes y las diferentes consejerías autonómicas con pretensiones partidistas, cerca de dos años en recuperación económica y sin embargo, la inmensa mayoría de trabajadores y trabajadoras no notan ni lo más mínimo el aumento de sus recursos, es más, estos siguen descendiendo a ritmos aceleradamente preocupantes con relación a su poder adquisitivo y la subida de las tarifas de las energías domésticas básicas como la luz, el agua, el gas o el teléfono reflejan con sobrada nitidez la perdida notabl en la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas españoles.
Y sin embargo, los representantes públicos siguen empeñados en transmitir un eterno y personal discurso afanoso con lo que a ellos les resulta más fácil, nada creíble por otra parte, cuando aluden a que la economía española está por encima en proceso de recuperación que la de la mayor parte de naciones integrantes de la Unión Europea; un acicate a su ego y una manera de querer enfrentar a los agentes sociales levemente, poniendo trabas a las posibles manifestaciones que el sector laboral en todas sus colectividades temen lleve a cabo de seguir por estos derroteros de falsedad dialéctica.
A pesar de entrar en una novedosa etapa de gobernanza en nuestro país, producto de una moción de censura al modelo del Sr. Rajoy y su equipo de trabajo durante más tiempo del que debería haber estado en el Gobierno del Estado, las expectativas son por ahora poco halagüeñas en relación a la sostenibilidad de un modelo del mercado de trabajo desahuciado tras el estrepitoso fracaso de la Reforma Laboral. Una circunstancia de la que los sindicatos no supieron, o no les interesó en el momento, salir medianamente airosos con pactos adecuados adquiridos con la Patronal, dejando a la miseria de los salarios sacar lustre a los beneficios empresariales.
No todo es preceptivo de sucumbir tras una debacle política de un partido desmerecedor de proseguir en primera línea de mando de un país como el nuestro, aunque bien es cierto que buena parte de su modelo de Gobierno ha estado representado por ideologías en lugar de luchar por los intereses de la sociedad española, basando en la austeridad el progreso y en los recortes el aumento de la productividad. El fiasco ha sido rotundo, todo se lo llevó la corrupción bajo el perfil de una honestidad servida en dosis pequeñas; taladrando la dignidad de una sociedad indignada carente de recursos y abandonada en las constantes ilegalidades de un partido deshecho entre telarañas de intereses personales y sombríos recovecos por los que aparecían siniestros personajes de antaño maquillados como modelos de narcisismo político.
Ahora toca reestructurar parte de lo derribado, interpretando los recursos con los que la sociedad en su conjunto cuenta para poder llevarlo a cabo, sin difundir expectativas inasumibles o proyectos imposibles. Las cuentas para el año en curso ya están hechas, pero las manifestaciones de improductividad de muchas de ellas salen a la palestra de forma inequívoca, un número inconstante de contratos temporales no deben hacernos caer en la dinámica poco favorable en una reducción aparente del colectivo de desempleados y desempleadas, ni el trabajo poco limpio con el que desprestigiar la verdadera identidad de los trabajadores autónomos, base suficientemente argumentada en la creación de empleo y progreso.
Toca reorganizar la situación, crear empleo con la disponibilidad de las empresas, aceptar que sin el pago de impuestos nada podrá llevarse a buen fin y alegar consistencia contra la impunidad de las grandes compañías que se han servido de sus inaceptables herramientas hasta día de hoy, como el caso de Google entre otros, o la desbandada a la que han llegado las entidades bancarias contribuyendo a la abundancia de sus beneficios en países alejados de su entorno.
Los sindicatos tendrán que volver a posicionarse de parte de los trabajadores y trabajadoras, incidiendo en la recuperación salarial y en el remonte de los contratos dignos y productivos para las partes. El actual Gobierno no puede caer en la dinámica de las pretensiones insolidarias o en las argumentaciones insostenibles haciendo hincapié en que la recuperación económica tiene que resolverse de manera profundamente asumible y no aleatoria a ciertos colectivos, dando muestras de ser creíble su empeño por no defraudar a los españoles y españolas hartos ya de tantos varapalos políticos. La oposición no es la contrariedad, tan simple como hacerse notar por mantener viva la ciencia de la política pero sin demasiado hostigamiento a quienes de ser honesta su aptitud, tratan de garantizar esa recuperación con el trabajo de todas las fuerzas representativas de la sociedad española.
Queda mucho por hacer, se perdió demasiado por el espinoso camino del Gobierno del Partido Popular y eso costará volver a reinventarlo tanto a nivel Central como autonómico; el terremoto capitalista se llevó nuestro Bienestar Social a su burbuja de Moncloa y sus paraísos fiscales fueron el lugar que parte de sus mandatarios eligieron para garantizarse un buen Plan de Pensiones.





























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