No todos somos iguales
Me niego a aceptarlo; a asumir que en nuestro país, en una sociedad avanzada y civilizada como la nuestra, impere de un tiempo a esta parte, y por norma, la presunción de culpabilidad de los representantes políticos por encima del derecho de presunción de inocencia que posee todo ciudadano. Que las sentencias paralelas y extrajudiciales dictadas por algunos medios de comunicación y perfiles anónimos en redes sociales, manchen irreparable y gratuitamente el nombre de los señalados y señaladas a su antojo. Sin pruebas, sin hechos. Con el único afán de arrojar a las audiencias un nuevo nombre cada semana con el que sembrar rencor y malicia; un fin auspiciado en las sombras por quienes, desde la frustración e incapacidad, recurren a técnicas poco limpias para auparse en unas encuestas que terminan quitando máscaras. Y cuando se ratifica la inocencia, pese a los ataques y el daño ya causado, se hace borrón y cuenta nueva. Que pase el siguiente de la lista, como si nada hubiera ocurrido. Sin una disculpa. Sin importar los malos momentos ocasionados; las lágrimas de los familiares; las noches de insomnio; e incluso el esfuerzo para mantener la calma mientras se padece un deterioro personal y profesional a todos los niveles. Esos demoledores y desquiciantes procesos no resultarían agradables ni soportables para ningún ser humano y, sin embargo, ¿han visto alguna vez la admisión del error o rectificación tras quedar demostrada la falsedad de las acusaciones? A por el siguiente nombre.
Obviamente nosotros, los políticos, cometemos errores, quién no. Y aquellas actuaciones malintencionadas que agravien a nuestros ciudadanos y nuestro sistema legislativo, deben ser reconocidas y reparadas con contundencia y responsabilidad en las estancias y con las garantías judiciales correspondientes. Pero me niego a entrar en ese saco sin fondo en el que se nos está metiendo a todos por igual, sin margen para la defensa. Les aseguro que somos muchos los compañeros y compañeras que nos dedicamos a la política por vocación social. De todas las siglas e ideologías, pues es sano reconocer que absolutamente todos los partidos diseñamos nuestros programas con aquellas propuestas que creemos positivas para la sociedad, todas respetables, independientemente de quien las firme. Somos mayoría quienes un día decidimos que nuestra misión fuera contribuir a hacer una sociedad más justa e igualitaria; a ayudar a nuestros vecinos, sin pensar en ningún momento en hacer riquezas con ello o sin pensar en el desgaste personal que nos conllevaría. Se llama vocación y, nosotros, los políticos, la inmensa mayoría también la tenemos.
Por esa vocación renunciamos a una vida anónima; a pasar más tiempo con nuestras familias y amigos, o con nosotros mismos; renunciamos a organizar nuestro trabajo con un horario y calendario prefijado por atender los problemas de los ciudadanos donde y cuando nos los planteen. Somos mayoría quienes sufrimos cuando no podemos, por más que nos hayamos dejado la piel en el intento, cumplir con esa misión que ocupa nuestro pensamiento y nuestras acciones prácticamente las veinticuatro horas del día. Haciendo nuestros sus problemas e inquietudes.
En mi caso, tras completar casi dos legislaturas en la política municipal como alcalde de la Villa de Moya, puedo afirmar que no escatimaría un ápice el esfuerzo invertido en este tiempo por mi municipio y mis vecinos. Me siento más que recompensado con el cariño y gratitud que me han demostrado y me demuestran a diario. Pese a que mis compañeros y compañeras en el grupo de gobierno y yo mismo también hemos padecido directamente en alguna ocasión las consecuencias del desprestigio en el que se intenta sumir a todos los políticos. Sin ir más lejos, hace unos días, un usuario de las redes sociales con perfil anónimo intentó vejar nuestra gestión vertiendo información falsa sobre mi dedicación y salario en el Ayuntamiento moyense, que quedó desmontada al remitirle al portal de transparencia donde figura que no recibo remuneración alguna por mis funciones y labores como edil.
Aprovecho estas líneas para mostrar mi agradecimiento a los muchos otros usuarios que salieron en mi defensa, evitando que se propagara un bulo injusto y malintencionado. Por desgracia, la actitud generalizada es la de compartir y difundir la información sin contrastar, ahondando en el daño hacia la víctima, consciente o inconscientemente.
Por eso me niego también a caer en la desmotivación que me supone presenciar cómo se van perdiendo los valores por estrategias e intereses electorales, hasta recurrir a deshonrosas tácticas que nada tienen que ver con la política ni, me atrevería a decir, con la condición humana. No podemos permitirnos involucionar como sociedad; perder el respeto y la fe los unos en los otros por las fechorías que hayan cometido unos pocos. Esa actitud de señalar a diestro y siniestro sin fundamentos, amparándose únicamente en antipatías y batallas personales, es muy peligrosa. Ya la hemos padecido en el pasado y no podemos permitir que vuelvan a destruir los cimientos de nuestra convivencia.
Nosotros, esta mayoría de políticos honrados y honradas, necesitamos hacer un frente común para recuperar el prestigio y el valor de la vocación política; recuperar la confianza de los ciudadanos y volver a instaurar la presunción de inocencia y el respeto como pilares democráticos. No me cuesta reconocer que tengo muchos referentes de honestidad, honradez y entrega en personas de mi partido, el Partido Popular; pero también los tengo dentro del PSOE, CC, NC, PODEMOS, CIUDADANOS y en otras formaciones políticas que en su momento han ejercido la responsabilidad de gobernar. También es cierto que otros nunca podrán ser ejemplo de nada ni de nadie; quienes han pretendido lucrarse, beneficiarse del trabajo honrado que realizan tantos y tantos compañeros mañana, tarde y noche para solucionar los problemas de sus vecinos. Pero esa minoría no nos representa, a mí por lo menos, no; y no deben empañar el reflejo de todos.
No podemos levantamos cada día temiendo qué puede pasar hoy, a qué artimañas recurrirán nuestros contrincantes políticos, alegando que por encima de todo está la libertad de expresión; sin tener en cuenta la presunción de inocencia, esa que entre todos hemos pisoteado hasta casi la extenuación. No somos rivales que se tienen que destruir como sea, sin miramientos ni piedad; somos personas que trabajamos por mejorar la vida de personas, desde posicionamientos e ideologías diferentes. Debemos poner en valor los fines que nos unen, la vocación que nos une.
Permítanme que prefiera la sensación de haber hecho las cosas bien, de haber acertado en la toma de decisiones y de haber solucionado los problemas de nuestros vecinos o, por lo menos, haberlo intentando. Porque no todos somos iguales.
Hipólito A. Suárez Nuez.
Alcalde- Presidente del Ilustre Ayto. de la Villa de Moya.





























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