El castellano, lengua de innovación y progreso universal
Ya somos más de 577 millones los que podemos entendernos en la misma lengua, demasiados para pocas palabras que nos decimos y pocos para poder establecer un reinado de lengua que haga sombra al idioma jerarquizado por las nuevas tecnologías.
Estamos ante la oportunidad de que la lengua que inspiró a Cervantes y admiró Shakespeare sea el puntal que sostenga a la diversidad en el mundo, extrayendo conclusiones a corto y medio plazo que avalen la posibilidad de que las nuevas tecnologías y las redes sociales sean una panacea de optimismo con la que proteger nuestra lengua. Vendrán tiempos en los que buena parte de la sociedad estadounidense, hoy con más hispanohablantes que ningún otro país del mundo, sea hostigada por las nuevas generaciones y que estas, una vez asentadas en la potencia económica mundial, atiendan su porvenir con la lengua en la que se asienten.
Con el dilema de proteger la lengua de demasiados americanismos, acepciones o jergas de colectivos inmersos en diferentes sociedades venidos de otros lares como resultado de un movimiento migratorio constante, cuya apreciación resulta todavía difícil en buena parte de quienes hablan, oyen o estudian el castellano, nos encontramos ante el problema de cuidar la lengua en la forma adecuada a los tiempos pero manteniendo la viveza y rica existencia de definiciones que conservan la profundidad de los años con total autonomía; una situación a la que la Real Academia de la Lengua Española, RAE, debe poner remedio, interpretando la necesidad de añadir acepciones con la certeza de que si no cuidamos lo actual, podemos perder la sintonía del habla y la pureza de sus significados.
Gozamos de un valor incalculable, un tesoro que es privilegio de nuestra cultura y símbolo universal de nuestra lengua; frente a los dichos mal interpretados o las variaciones sospechosas de algunos americanismos por los que nos vemos influenciados, tenemos que hacer resaltar sobre ellos un idioma impoluto al que sin ningún género de dudas se pueden añadir vertientes técnicas a las que no podemos ser ajenos y acepciones valoradas en la medida de las actuales necesidades sociales y no en la abundante en estos momentos pero no perpetua en el tiempo, pluralidad de colectivos sociales venidos de paso y que podrían llegar a malograr la calidad de nuestra lengua.
Como guardianes estoicos de la lengua que trata de incorporarse al sistema mediático de las redes y a los nuevos sistemas tecnológicos, como contrapartida al léxico técnico actual, estamos obligados a maniobrar con cuidado en un diccionario congruente que maneje tanto los tiempos como las causas y duración de los hechos.





























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