Las ilusiones reflejadas en la sencillez de un escaparate han servido para dar una vuelta por la infancia, donde las figuras de barro de los belenes no desprendían el colorido y la viveza de las que presenta la imagen. Otro tiempo pasado tiende a representarse en blanco y negro, como para indicar la lejanía de los recuerdos. Y en pleno siglo XXI aún perviven los escaparates. Si prestan atención a la imagen, descubrirán sensaciones agradables en un mundo imaginario de cristal y fragilidad. Pero también se refleja en él la realidad del lugar, las casas de enfrente, como indicándonos que la certidumbre no se ha ido del todo. Por eso las ilusiones se desvanecen en el azul del cielo y recorren los tiempos sin tiempo.






























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