La palmera se ha engalanado para contribuir a la alegría de las cintas de colores que se proyectan desde un punto de la plaza hasta el campanario de la iglesia. Palmera, cintas y colores no solo engalanan al pueblo sino que además aportan miradas nuevas sobre lo permanente y, acaso, viejo. Está bien que elevemos la mirada. Creo que vivimos muy agachados, con la vista puesta en el suelo o en las pantallas de los móviles. Y así se nos escapan estas pequeñas transformaciones de la realidad, que caprichosas no son. Su proyección en la plaza es signo de alegría y bullicio. El que cada año regresa con las fiestas patronales. Como siempre.






























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